General José María de la Cruz (1799-1873)
AFABLE Y LLANO
En su trato privado era afable, llano y próvido. Le gustaba más escuchar que hablar, y tenía un talento especial para resumir las ideas o puntos en discusión en muy pocas palabras, y, esta circunstancia, o sea, este aspecto de no presentar en su semblante la sonrisa o hilaridad común al familiar, le daba o valía la clasificación de reservado… En su trato de familia o doméstico era inalterable. Jamás le vi ni aún hablar con mal ceño a sus sirvientes, y a algunos los trataba como si hubieran sido relacionados con su familia. A la madre la idolatraba, consideraba y respetaba como no he conocido a otro en su edad. Todo lo que a ella le pertenecía le servía de distracción y entretenimiento en las horas que podía entregarse a la distracción de la vida doméstica. Cuando bajaba del despacho, se introducía al patio interior a pasearse, y allí encontraba al periquito y la cotorrita de la mamita, que tomaba uno en la mano y el otro en el hombro, y entablaba su conversación con ellos, que por lo regular era de reconvenciones por las reyertas en que diariamente se hallaban.

General José María de la Cruz
Recuerdos de don Bernardo O'Higgins, Andrés Bello, 1960, p.49 (fragmento)

María Graham (1785-1842)
Modesto y sensato
El Director... es bajo y grueso, pero muy activo y ágil; tiene ojos azules, cabellos rubios, tez encendida, y sus facciones algo toscas no desmienten el origen irlandés; al mismo tiempo sus pies y manos son pequeños, signos de su procedencia indígena...Él es modesto, llano, de modales sencillos, sin pretensiones de ninguna clase. Si ha realizado grandes hechos, los atribuye a la influencia del amor patrio, que, como él dice, puede inspirar a un hombre corriente los más nobles sentimientos...

María Graham
Diario de mi residencia en Chile en 1822. Del Pacifico, Santiago, 1956, p. 111- 112.

Benjamín Vicuña Mackenna (1831-1886)
PATRIOTA
Nada hay en verdad más hermoso ni más grande que esa admirable unidad del afecto acendrado e incontrastable que exhibió el general O’Higgins en todas las épocas de su vida por todo lo que simboliza para él esta palabra mágica, ídolo de su corazón: ¡la patria!...

Benjamín Vicuña Mackenna
Vida del Capitán General don Bernardo O’Higgins. Del Pacifico, Santiago, 1976. pp. 614-617.

Miguel L. Amunátegui (1828-1888)
REPUTACIÓN MILITAR

Era la primera reputación militar de su tiempo: su valor era proverbial; sus hazañas formaban la conversación del soldado en los cuarteles; su arrojo había asustado en mas de una ocasión al mismo San Martín, que continuamente se veía forzado a calmar la impetuosidad de su amigo en la pelea. Los militares le admiraban, porque nunca se había contentado con ordenar una carga, sino que siempre había dado el ejemplo marchando a la cabeza. Había combatido en cinco campañas por la libertad de la patria, i había tenido la gloria de firmar la proclamación de la independencia.
Con un erario exhausto, había levantado ejércitos, creado una marina. Bajo su gobierno, la bandera de la revolución había dominado sobre tierra sobre mar; la guerra se había convertido de defensiva en ofensiva; el Perú había sido invadido, los chilenos habían cesado de contemplar el humo del campamento enemigo. El prestigio de la gloria se unía para engrandecerle a los ojos de sus ciudadanos con el afecto de la gratitud inspirada por sus servicios.

Miguel L. Amunátegui
La dictadura de O’Higgins, Santiago, 1914, p. 26.

Diego Barros Arana (1830-1907)
INMORTAL

Vive inmortal en las pájinas justicieras de 1a historia, en el recuerdo de sus compatriotas en Chile entero, que tanto amó, por el cual hizo tantos itan grandes sacrificios, cuya independencia proclamó con su palabra i afianzó con su espada.

Diego Barros Arana
Discurso en el sepelio de Bernardo O’Higgins Riquelme 13-I-1869. (Fragmento)


Guillermo Feliu Cruz (1900-1973)
Director Supremo

Al tomar el mando del nuevo Estado, recibe un montón de escombros. Todo está deshecho. La agricultura en ruinas; la industria perturbada; la organización social rota en dos tendencias: la patriota y la realista; el orden moral y religioso quebrado en esas mismas dos tendencias; un grupo de hombres tímidos – los eternos indecisos – esperan. No hay con que pagar el Ejército ni la administración. El bandidaje ha cundido en los campos…. He aquí que la voluntad del vencedor de Chacabuco se sobrepone a la miseria, a la angustia, a esa ruina.

Guillermo Feliu Cruz
Clio Nº12, Santiago, 1942.

Miguel Cruchaga Tocornal (1867-1949)
PRIMER CIUDADANO
O’Higgins echó las firmes bases institucionales de nuestra República, la condujo con acierto en las arduas dificultades de sus primeros pasos y se hizo ampliamente acreedor a que la Patria reconocida le diera el primer lugar en la nómina de sus hijos. La Historia, al recordar en sus anales los acontecimientos del pasado, proyecta clara luz sobre los afanes y las luchas, los triunfos y los quebrantos de las naciones en su incansable marcha hacia la consecución de los anhelos de felicidad colectiva, y para dar valía y utilidad a sus severas lecciones, los historiadores nos hacen ver en toda su realidad a los hombres que actuaron en los sucesos pretéritos, con todos su propósitos, tendencias y pensamientos, con sus cualidades y sus defectos. Con ese su austero acento, la Historia nos dice que O’Higgins fue grande en su horas de gloriosos triunfos y grande también el abandonar el poder y descender el solio a que le exaltaron sus conciudadanos como el mejor símbolo viviente de la Patria inicial, como la más adecuada enseña de sus aspiraciones de libertad y de organización republicana y ordenación democrática. El ocaso de este egregio ciudadano fue más esplendoroso aún que sus días plenos de poderío y de gloria.

Miguel Cruchaga Tocornal.
Estudios Nº 117, Santiago, 1942 (fragmento)

Enrique Bunster Tagle (1912-1976)
VISTO DE CERCA
Pero la mente británica de O’Higgins pensaba en gran escala, como ningún compatriota de sus días pudo hacerla. Junto con lanzar esas velas al océano había hecho contratar en Inglaterra a Lord Cochrane, vencedor de la última escuadra de Napoleón. Y su audacia no paró allí. Cuando todavía los propios ingleses eran escépticos respeto de los steam boats aplicados a las operaciones navales, adquirió, para pagarlo ya vería como, el Rising Star, primer buque de guerra a vapor conocido en el mundo… Cuando el enemigo acechaba todavía en el mar, se dio a impulsar la expansión de la marina mercante y el comercio exterior. De esta política de franquicias surgió la Compañía de Calcuta de Agustín de Eyzaguirre, cuya fragata Carmen zarpó en 1819 con la primera carga de cobre nativo consignada a la India. De un país al borde de la bancarrota (hubo centenares de muertes por hambre en el Sur y él mismo estaba impago de sus sueldos) fue capaz O’Higglns de sacar recursos para fletar los treinta y seis navíos en que Lord Cochrane trasladó a San Martín con la Expedición Libertadora del Perú. Prodigioso esfuerzo nacional (el financiamiento íntegro, el sesenta por ciento de la oficialidad y el noventa por ciento de los soldados eran chilenos) que asestó el golpe de gracia al poderío español en el Pacifico y señala también la llegada a la cima de O’Higgins y el comienzo de su descenso. Había volado a demasiada altura para no acabar quemándose las alas.

Enrique Bunster Tagle
Tiempo Atrás, Pacífico, Santiago, 1970. (Fragmento)

Eugenio Orrego Vicuña (1900-1959)
Huaso
De ordinario cubríase con el poncho chileno, traje que prefería a la antipática capa de los españoles. Sólo los días festivos, residiendo en el campo, solía ponerse levita para asistir a la misa. Cuando montaba a caballo se ceñía invariablemente espuelas, pues tenía por máximo de huaso, que mientras mejor era el caballo mas agudas debían ser las espuelas del jinete.

Eugenio Orrego Vicuña
Iconografía de O’Higgins. Universidad de Chile, 1937.

Jaime Eyzaguirre (1908-1968)
RELIGIOSIDAD

En los últimos tiempos su espíritu, templado en el yunque implacable de los desengaños, había ido familiarizándose más y más con las cosas eternas y su mirada sobrepasaba las contingencias del mundo. Nadie, por otra parte, podría haberle tildado de escéptico en sus años anteriores, a pesar de sus choques con los hombres de iglesia. La verdad es que esas diferencias habían surgido más por circunstancias de orden político que dogmático, y si bien es cierto que anheló la libertad de cultos, como medio de atraer la inmigración anglosajona, no dejó por eso de reconocer en las Constituciones de 1818 y 1822 a la Iglesia Católica su carácter de religión oficial del Estado y solicitar del Sumo Pontífice un nuncio para arreglar los asuntos eclesiásticos de Chile. Sin embargo, por entonces no alcanzaba sino la superficie de la fe, y sólo ahora, en que la Providencia le había ido desprendiendo poco a poco de sus aspiraciones y afectos, su alma alivianada se volvía a Dios de manera vital. Los concurrentes al templo de la Merced le veían allí a diario en devota oración y su nombre figuraba también en la nómina de los hermanos terceros de la Orden franciscana. Leía el Evangelio con unción y no faltaba a la novena de la Virgen de Dolores… No queda ahora sino prepararse a morir y lo hace en la mayor paz. En su dormitorio ha hecho improvisar un altar, donde todas las mañanas se dice la misa. En el resto del día escucha una y mil veces el oficio de los moribundos. Su alma está tranquila… Llegó la mañana del 23 de octubre y su cuerpo creyó sentir energías renovadas. Se hizo vestir y colocar en un sillón próximo al lecho. Pero las fuerzas le abandonaron pronto y fue preciso recostarle de nuevo. Ya llegaba el último instante y reclamó tranquilo su mortaja. Y cuando sus manos tocaron el rústico sayal de San
Francisco, dijo con unción: "Este es el hábito que me envía mi Dios"… Apenas se oye en el recogimiento de la sala la respiración entrecortada del moribundo. "¡Magallanes!", exclama de súbito.

Jaime Eyzaguirre
O’Higgins, Zig-Zag, Santiago, 1946, pág. 461-464.

Fernando Campos Harriet (1910-2003)
Personalidad
Sobre la personalidad del mandatario, ya tan conocida, sería obvio insistir. Educado en Lima y en Inglaterra, su cultura no era corriente, era superior. Además, contrariamente a los que muchos piensan, que era un soldado vulgar, O’Higgins era un hombre de superior sensibilidad y gustos artísticos: le agradaba la música, siendo él mismo un buen ejecutante; el dibujo, quedándonos de su mano miniaturas hechas sobre marfil. Su retrato físico: una cabeza de irlandés en cuerpo criollo; ancho de espaldas, talle largo, piernas cortas; era de complexión sanguínea y de aspecto recio. No era un hombre de carácter violento; inteligente, pero lento para pensar; sabía escuchar. Tenía una gran capacidad para el trabajo y una extraordinaria tenacidad. En los campos de batalla se transformaba: era el valor arrebatador y ciego, atropellador, impulsivo, temerario.

Fernando Campos Harriet
Historia Constitucional de Chile. Jurídica de Chile, Santiago, 1997. pp. 115-116.

Luis Valencia Avaria (1917-1990)
COLONIA A LA REPÚBLICA

La empresa reservada al nuevo gobernante es -todavía hoy- la de mayor envergadura que jamás en la historia de Chile se confió a hombre alguno. Su gloria a ser el puente entre dos épocas y abriría la etapa más compleja de la evolución política y social del país. Atrás quedaba un régimen rechazado por la conciencia nacional y delante se ofrecía lo que tan furiosamente habías e buscado. Pero el camino estaba obstruido por los escombros de ese régimen: ciertos usos y modos adquiridos en el transcurso de 300 años. Entre la colonia y la república, la primera una realidad que se dejaba a un lado y la segunda una esperanza, era preciso construir un modelo de gobierno capaz de enfrentar con éxito el porvenir.
Asumió el poder con plenitud legítima de autoridad. No fueron Buenos Aires ni menos -únicamente- doscientos vecinos de Santiago quienes le confirieron la primera magistratura. En el poco habitado pero extenso reino de Chile de esos años su ascensión al mando se celebró con alborozo unánime. Los cabildos abiertos que luego debieron reconocerle no lo hicieron con la medida correcta habitual, sino explosivamente.

Luis Valencia Avaria
Bernardo O'Higgins. El buen genio de América, Universitaria, Santiago, 1980 p.222
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Julio Heise González (1906-?)
EMPRESA CULTURAL


Lo que los próceres de la Patria Vieja concibieron como un sueño político, O’Higgins lo va a transformar en una empresa cultural: reconstruir el mundo hispano colonial sobre nuevos valores espirituales. En la solución de este problema radicaba el destino de la Patria. Como todo Libertador, O’Higgins ofrece en su persona la tragedia de una época de cambios, de antítesis y de choques. Es testigo y al mismo tiempo protagonista de una crisis. Se ha roto el orden social hispánico y empiezan a surgir nuevas fuerzas políticas y económicas. El prócer adoptó una postura de inconformidad y de rebeldía frente al ambiente tradicional. Pero al mismo tiempo invitó a sus conciudadanos a respetar el pasado; a respetar muchos valores coloniales que, aunque aparecían desteñidos o atenuados por la conmoción inicial, seguían plenamente vigentes.

Julio Heise González
O’Higgins en la organización de la República. Las Conferencias O’Higgins. Instituto de Chile. Universitaria, Santiago, 1979. p. 55.

 

Jorge Ibáñez Vergara (1926-....)
LOGIA LAUTARINA

Las llamadas logias lautarinas, nombre inspirado en Lautaro, el joven héroe araucano, o de los Caballeros Racionales o Gran Reunión Americana, ideadas por Miranda e instaladas en la propia España y después en Argentina, Chile y Perú, fueron grupos simplemente revolucionarios, cuya única semejanza y parentesco con las logias masónicas, era el secreto y el compromiso fraterno de sus cofrades. Sus objetivos estaban muy lejos del perfeccionamiento de sus miembros por el estudio filosófico, la búsqueda de la verdad o la construcción simbólica de un templo ideal. Eran simplemente grupos revolucionarios, con una gran autonomía en sus programas y planes de acción, sin un poder central, propio de las logias masónicas.

Jorge Ibáñez Vergara
O’Higgins el libertador, Instituto O’Higginiano de Chile, Santiago, p. 27.

Renato Valenzuela Ugarte (1944-....)
REPUBLICANO

La República no era, pues, el sentimiento sobre un sistema político en la mayoría de los criollos, ni tampoco la meta de los grandes libertadores que frecuentemente se inclinaron por los sistemas monárquicos; fueron los casos de Bolívar, San Martín, Pueyrredón, Rivadavia e Iturbide. Sólo al Libertador chileno le fue posible crear una sólida organización republicana y democrática, porque defendió con dignidad y tenacidad sus convicciones. O’Higgins ejerció una influencia continental, ya que llegó al firme convencimiento de que el Nuevo Mundo estaba en la necesidad de afirmar, por sí mismo, su propio destino republicano.

Renato Valenzuela Ugarte
Bernardo O’Higgins. El estado de Chile y el poder naval. Andrés Bello, Santiago, 1999, pag. 76.


Roberto Arancibia Clavel (1947-....)

BERNARDO EN LONDRES

El ideario político de Bernardo O'Higgins incluyó muchas de las influencias que hemos reseñado hasta aquí. Al parecer las opiniones de los extranjeros y connacionales tenían razón al señalar que en sus actuar siempre había algo de inglés. En sus innumerables obras y proyectos se puede percibir el influjo europeo y particularmente el inglés. La atracción por el mar, su liberalidad religiosa, su amor por el campo, las ideas de libre comercio, la igualdad y la libertad como principios básicos de gobierno, la importancia de la colonización extranjera sus ideas avanzadas en educación, su inocultable admiración por el Imperio Británico y la aplicación de sus modelos, su incansable búsqueda del orden, su concepto antimonárquico, sus ideas sobre representatividad en un congreso son, entre otras, influencias recibidas en su contacto directo con el Imperio.

Roberto Arancibia Clavel
Tras la huella de Bernardo Riquelme en Inglaterra. 1795-1799. Centro de Estudios e Investigaciones Militares, 2003, p.81.

Sergio Carrasco Delgado (1943-....)
ORDENAMIENTO JURíDICO

No sólo participó con heroísmo en las campañas militares y con ejemplar desprendimiento personal cumplió la función de gobernante, sino que también tomó la pluma del legislador para ir complementando la obra jurídica de su tiempo. Apreciaba así O’Higgins la necesidad de ir dotando al naciente país de disposiciones de derecho. Si se revisan las decenas de leyes o reglamentos del período de O’Higgins, se aprecia claramente la coincidencia de los propósitos conseguidos con los grandes principios de Derecho. Agrupando parte de dichas disposiciones que, sin duda en su forma, no tienen en su mayoría gran técnica, lo cual por lo demás es propio de ese instante, se destacarían las principales preocupaciones por la Justicia, la dignidad nacional y el desarrollo de la cultura.
Puede destacarse, asimismo, la preocupación legislativa por el progreso de las ciencias y las artes, la liberación de los derechos aduaneros para libros y periódicos, la orden de catalogar los libros existentes en la Universidad y el expreso castigo a quienes rayaren las paredes.

Sergio Carrasco Delgado
La obra jurídica de Bernardo O’Higgins. Atenea, Nº 437, Universidad de Concepción, 1978. p. 73.

Armando Cartes Montory (1967-....)
Padre de la patria

Cualquiera sea nuestra apreciación sobre el punto, resulta muy difícil concebir la emancipación chilena y la temprana organización de la República, sin la figura señera de Bernardo O’Higgins. Su accionar público, con la espada del soldado o el cetro del gobernante, se proyecta luminoso sobre los años fundacionales de la República. Se inicia en las postrimerías de la Colonia y no terminará sino cuando Chile alcanza su plena independencia. Ignorantes de sus hechos heroicos y singulares, sería difícil, en verdad, imaginar un arquetipo más peculiar para el Padre de la Patria.

Armando Cartes Montory
Prólogo A. Witker, O’Higgins Cultura y Nación, Ediciones UBB, Chillán 2006.p 10