AUREOLA
PARA BERNARDO O’HIGGINS, NIÑO
Ángel Cruchaga Santa María
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Ángel Cruchaga
Santa María (1893-1964) |
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La
mirada de Chile al caer en su vida
le quema el corazón con llama sostenida
entre los magnolios de la casona vieja
donde penetra el sol tierno como una oveja.
El rostro de la madre y el de la suave hermana
lo animan como el aire que vuela en la ventana,
y el niño mira el sol, el agua, las colinas
y el cielo de la noche, cuna de golondrinas.
Se pregunta por qué su espíritu no siente
los ojos de su padre clavados en su frente.
Pero la madre vela y se aleja la sombra.
El padre está ausente; el niño no lo nombra.
Y lleva sobre el pecho un rumor que se vierte,
una canción de Chile saturada de muerte.
Chile con sus huertos, sus uvas y panales.
Chile con su mar que vuelca los cristales.
Quiere nacer la Patria. ¡La Patria está en acecho!
Como un racimo rojo se le rompe en el pecho.
Toda la tierra libre sin nada que la oprima
desde el mar océano al airón de la cima.
Con sus cimbreantes álamos y fuertes campesinos
con la sonora rueda de sus claros molinos.
Y el niño está soñando y oye de los confines
como un chocar de espadas y un eco de clarines
y un tropel de caballos que conduce la hazaña
mientras se marchita la bandera de España.
Y la Patria es la pira donde se quema todo:
la sangre, el corazón, la miseria y el lodo.
En ella el niño bebe como en un cuenco puro
y escribe tras el llanto su nombre sobre el muro,
porque ha nacido en ella sintiendo sus raudales
bajo el canto apacible de los dulces zorzales.
La tierra es como un grito que se triza en su venas.
El infante la siente abrirse en azucenas.
El tiempo crece. El niño ya no ve su montaña.
Chile es una lágrima que siempre lo acompaña.
Le mira Europa pobre, solo y entristecido.
De amor y de nostalgia se siente revestido.
Y Francisco Miranda que es trueno y profecía
levanta sobre América su esplendor de vigía,
y O’Higgins al oírlo siente un golpe de lanza:
“Chile-solloza-Chile, mi amor y mi esperanza,
ha de llegar la hora solemne del destino
en que se acerque a ti mi pie de peregrino.
Yo te ofrendo mi vida; mi corazón es tuyo.
Eres la tierra mía mi ventura y mí orgullo.
Iré por tus senderos y besarán mi espada
los soles y los fríos y la noche estrellada
hasta que seas libre, soberana y erguida.
Toda mi sangre va hacia ti conmovida”.
Y cerrando los ojos vio O’Higgins a lo lejos
a un niño que corría entre rosales viejos.
A un niño rubio y triste que atravesaba el día
frente a los fantasmas de una casa vacía
o bajo las pupilas de una mujer sagrada
que hasta la eternidad parecía enlutada.
Y el alma del patriota en un presentimiento
vio todo su futuro esculpido en el viento.
Rostro de Chile, Santiago, 1955.
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ROMANCE
DE LA PLAZA DE LOS HÉROES
Oscar Castro
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Oscar Castro
(1910-1947) |
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Está
la plaza partida
por una cruz de dos calles.
En medio Bernardo O’Higgins
galopa, bronce y coraje.
Ríen abajo las flores
meciendo gentiles tallos
y en el fondo de las pilas
hay un cielo de cristales.
Por señalar este cielo,
dos dedos alza en el aire
la Catedral rumorosa
de rezos y de metales.
E1 viento viene del sur
blandiendo azules pañales
y en la Plaza de Rancagua
se duerme como un estanque.
La quietud lame el silencio
pensativo de los árboles
y hay en las frondas un sueño
como de viejos cantares.
La plaza recuerda, entonces,
gentes de tiempos distantes...
Por esta plaza cruzaron
1os relucientes carruajes
de varones con pelucas
y damas llenas de encajes.
Un oidor pasaría
en los días coloniales
repicando con su vara
sobre las piedras dispares.
Alguna vez caería
un pañolito de encajes
que guardara como prenda
el mejor de los galanes.
-Buenas tardes, Caballero
-Caballero buenas tarde.
Saludos de corte antiguo,
cortesías y donaires,
abatirse de sombreros,
inclinaciones de talles;
tobillos que se vislumbran
bajo el ruedo de los trajes;
niñas que ríen, coquetas,
cuando no las mira nadie,
un ojo puesto en el novio
y un ojo puesto en la madre.
¡Amores que se tejían
al compás de viejos valses!
Sigue soñando la plaza
bajo la luz de la tarde
y la despierta un clamor
de clarines militares.
Realistas y patriotas
-empuje, metralla y sangre-
irrumpen en su recinto
blandiendo espadas y sables.
Entre rojos fogonazos
se abre la flor de los ayes
y cruzan briosos caballos
sangrando por los ijares.
Por los costados, de pronto,
las llamas alzan puñales
entre fusiles que truenan
y valientes que se abaten.
Y en medio de aquel infierno
-relámpago deslumbrante-
se oye una voz inflexible
que traspasa las edades.
-¡Aquél que sea valiente, sígame!
Un salto gigante
y un caballo que atraviesa
con sus cascos de celaje
por entre las bayonetas
de los soldados reales.
Galopa O’Higgins, galopa,
el tiempo viene a mirarle
y el bronce lo inmoviliza
en ese asalto gigante.
Y en las noches silenciosas,
cuando no transita nadie
por esta plaza dormida,
suele escucharse en el aire
un quejido lastimero
y entonces las rosas blancas
como de murientes ayes,
se vuelven color de sangre.
Es que su tierra es la tierra
donde se plantó el coraje
y en recuerdo a su bravura
-¡Oh premio de generales!-
el tiempo te adora el pecho
con una cruz de dos calles.
En: Las Alas del Fénix,
1943.
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HIMNO
A BERNARDO O’HIGGINS
Nicanor Parra
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Nicanor Parra
(1914-...) |
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Cantemos,
jóvenes de Chile,
Himnos de gloria al vencedor
Que en Chacabuco y en Rancagua
Como chileno se batió.
Gloria a Bernardo O’Higgins,
gloria,
Que patria libre nos legó:
Marea fácil al marino,
Grano feraz al labrador.
¡Gloria al soldado más
valiente,
Gloria al mejor gobernador
Que en los cimientos de la patria
Puso una piedra como un sol.
Blanca es la cumbre de Los
Andes,
Azul la casa del señor
y con la sangre del valiente
Forman el patrio pabellón.
Y no olvidemos la triunfante
Consigna del Libertador:
Que entre una vida con cadenas
Vale más muerte con honor.
En Pedro Ramírez
Las efemérides al servicio de la educación, Nascimento,
(1968)
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EL
PRIMER DIA DE BERNARDO
Juan Gabriel Araya
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Juan Gabriel Araya (1937-...)
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Día lluvioso
de cristales perfumados
Chillán dormido entre carretas
De vez en cuando el sonido empolvado
De una carroza principal
Suave aliento de Rosas
Rumores
Apagadas conversaciones de poncho roto
Una noche larga
Cubriendo casas de dientes rojos
Y adobes con intestinos dorados
Sueños vacilantes
Un estallido
Vuela el polvo de las pelucas
Una nueva respiración
Y el aire una vez más se justifica.
Gritos y segundos
Brota desde el corazón de Chile
Su fruto más palpitante
Y Bernardo empieza
A suspirar su primera hora.
En Oreste Plath
Tradición de Ñuble. Espacio y tiempo. Visión
histórica, Municipalidad de Chillán, 1993.
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LOA
A DON BERNARDO O’HIGGINS
Camilo Henríquez
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Camilo
Henríquez (1769-1825) |
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Cuando
visteis, señor, la luz primera
Para la dicha y gloria de la patria,
La tumba de Lautaro conmovíose
Dando señal de fuego y de esperanzas.
Naturaleza, que del duro invierno
Sufría la tristeza y dura saña,
Sonrióse festiva, y del Sol blando
Se preparó a gozar la dulce llama.
Elevóse de Arauco el fuerte genio
Del túmulo inviolable que aguardaba
A un héroe que vengase sus insultos
Llenando al universo de su fama:
Que triunfante y feliz en las llanuras,
Aun lo fuese en las cumbres peruanas,
Glorioso y formidable por la tierra,
Temido y respetado por las aguas:
Que ligando a su carro la victoria
Y humillando a sus pies al León de España,
Le extendiese la mano generosa
Firmando en fin la fraternal alianza:
Que en medio de su marcha prodigiosa
Supiese detenerse la veloz planta,
Y escuchando suspiros y sollozos,
Con una sola ley enjugar lágrimas;
Aspirando a otro género de gloria
Más apacible, dulce y delicada,
Cuál es el conquistar los corazones,
Empresa digna de las grandes almas!
Por último: que uniendo las olivas
Al eterno laurel de sus guirnaldas,
El asombro se hiciese de su siglo,
La libertad civil dando a su Patria.
¡Genio de Arauco! O’Higgins
es el Héroe
O’Higgins viva, triunfe aun de la Parca!!!
Los ecos de Los Andes lo repitan,
Y resuene en la trompa de la fama.
En Benjamín Vicuña Mackenna
Vida de O’Higgins. Obras completas. Universidad de Chile,
1936. p. 775.
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EL
NIÑO DE AGOSTO
Oscar Martínez Bilbao
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Oscar
Martínez Bilbao (1912-1994) |
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Aquí en Chillán
Viejo como un cuerno de oro
la Patria tuvo un hijo en un veinte de agosto.
Tal día:
Hablaron las campanas y floreció el durazno
y al hijo de la Patria le llamaron Bernardo.
No hubo reyes magos, ni algún signo atlante
que anunciara al mundo su figura gigante.
Nadie lo dijo a nadie,
Nadie lo dijo a nadie.
Hasta las piedras tristes ocultaron su nombre.
Sólo junto a la cuna dos lágrimas con él:
Dos lágrimas, la suya y su madre Isabel.
De pronto vino la historia de mar a cordillera
como si fuera un raudo viento de Primavera.
Este niño de agosto con su Dios y espada
salió junto a su madre a ganar las batallas.
Entonces, fueron lirios, dos lágrimas de nuevo
Una por la libertad
La otra por el pueblo.
Porque el niño de agosto con su brazo insigne
nació con el bautismo de nuestra Patria libre.
y aquí en Chillán Viejo, en nuestro Chile angosto
se admira el monumento de este niño de Agosto.
Oscar Martínez Bilbao
El trompo bailarín. Poemas infantiles
Taller Artístico-Literario Crep, Quilpue 1989, p.59.
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TREINTA
Y SEIS BARCOS SOBRE EL MAR
Roberto Meza Fuentes.
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Roberto Meza
Fuentes (1899-1987) |
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Nació
bajo el cielo de América
la estrella de la libertad
y marcha, rumbo a su futuro,
por el camino azul del mar.
En el cielo de la bandera
vierte su claro luminar:
abre la senda a la esperanza,
pone dulzura en el afán,
óleo derrama en las heridas
y en la guerra, aroma de paz.
La bandera, dulce y chilena,
vuela en la ruta azul del mar.
Treinta y seis barcos anclar quieren
allá en la playa virreinal.
Nacieron de las cuatro tablas,
las cuatro tablas sobre el mar.
Llena los ojos y las almas
una emoción continental.
Tiembla en los pechos varoniles
una dulzura de llorar.
Es domingo. 20 de Agosto.
Un agosto primaveral.
Colinas de Valparaíso
sienten la brisa matinal
acariciar su seno verde
como una mano maternal.
En la mañana luminosa
la cordillera besa al mar.
En el aire de primavera
Valparaíso es un rosal.
Y en el cielo de la bandera,
la estrella de la libertad.
En las lágrimas se adivina
una alegría germinal.
En esos barcos, rumbo al norte,
nueva vida va a comenzar.
Y en los pechos late un anhelo:
¡el mar, el mar!
La cordillera se hizo barco,
el barco hendió la inmensidad:
sus alas blancas se extendieron
como si unieran cielo y mar
y las almas purificadas
en un solo anhelo inmortal
vieron nacer entre sus sueños
tierra de amor, tierra de paz.
Treinta y seis barcos, rumbo al norte,
estela azul abriendo irán.
La cordillera se ha embarcado,
la dulce cordillera austral,
la que tiene arrullos de tórtola
y ronco son de tempestad,
la madre que da labio y pecho
al hombre de puro metal
y acendra en su entraña remota
oro de virgen hontanar.
La cordillera va en los barcos
con un fervor de humanidad.
Va tremolando blanca el ala,
el ala de la libertad.
Solitaria fulge una estrella,
flor de luz en el cielo austral.
Y el canto resuena en las almas:
¡el mar, el mar!
Van a partir treinta y seis barcos,
treinta y seis barcos sobre el mar.
Agosto está de primavera.
Valparaíso es un rosal.
Hombres de América, hombres libres,
hora es de arar y de sembrar.
O’Higgins sueña en Las Canteras.
Siente y presiente Montalbán.
Otro titán llorará un día:
“Hemos arado sobre el mar”.
Sembremos en surcos de lágrimas
estelas de la claridad,
entreguemos, sangre a la tierra,
flor de cantar, fruto de amar.
Daremos todo lo que somos.
Pedirán más. Daremos más.
También lloraremos un día:
“Hemos arado sobre el mar”.
La vocación heroica quiere
que el hombre sea un vendaval
que agite las cosas y el mundo
hasta quedarse en soledad
en el torrente de la historia,
acantilado frente al mar.
O’Higgins despide los barcos.
Silencio de seda y de paz.
En la dulzura de la hora
Valparaíso es un rosal.
San Martín estrecha en sus brazos
al visionario capitán.
Late en las almas y las cosas
un anhelo de soledad.
Y en el canto de los soldados:
¡el mar, el mar!
Cantando van treinta y seis barcos,
treinta y seis barcos sobre el mar.
Su canto es un canto de América:
Esperanza de Libertad.
Hijos de Chile y la Argentina
a redimir hermanos van.
Libertad, sueño de las almas,
la arrulla el mar, la acuna el mar.
Distante queda de los barcos
el remoto confín austral.
La bandera lleva en su cielo
la estrella de la libertad.
San Martín a su sombra, fuera
su cruzado y su capitán.
El, con sus huestes, bajo el cielo,
es la montaña sobre el mar.
O’Higgins dice a sus chilenos:
“Perú nace a la libertad”.
Treinta y seis barcos van cantando
por el camino azul del mar.
Sacude los pechos viriles
una alegría de llorar.
O’Higgins y torna a su castillo
por el camino en soledad.
La cruz del sur abre los brazos
con abandono maternal.
Va tremolando, blanca, blanca,
el ala de la libertad.
Suena y resuena el grito heroico:
¡el mar, el mar!
Cinco Romances de la Patria. Universitaria,
Santiago, 1954.
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BERNARDO
O’HIGGINS RIQUELME
Pablo Neruda
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Pablo Neruda (1904-1973) |
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O’Higgins,
para celebrarte
a media luz hay que alumbrar la sala.
A media luz del sur en otoño
con temblor infinito de álamos.
Eres Chile, entre patriarca y huaso,
eres un poncho de provincia, un niño
que no sabe su nombre todavía,
un niño férreo y tímido en la escuela,
un jovencito triste de provincia.
En Santiago te sientes mal, te miran
el traje negro que te queda largo,
y al cruzarte la banda, la bandera
de la patria que nos hiciste,
tenía olor de yuyo matutino
para tu pecho de estatua campestre.
Joven, tu profesor Invierno
te acostumbró a la lluvia
y en la Universidad de las calles de
Londres,
la niebla y la pobreza te otorgaron sus
títulos
y un elegante pobre, errante incendio
de nuestra libertad,
te dio consejos de águila prudente
y te embarcó en la Historia.
“¿Cómo se llama usted?”,
reían
los “caballeros” de Santiago:
hijo de amor, de una noche de
invierno,
tu condición de abandonado
te construyó con argamasa agreste,
con seriedad de casa o de madera
trabajada en el Sur, definitiva.
Todo lo cambia el tiempo, todo
menos tu rostro.
Eres, O’Higgins, reloj invariable
con una sola hora en tu cándida
esfera:
la hora de Chile, el único minuto
que permanece en el horario rojo
de la dignidad combatiente.
Así estarás igual entre los
muebles
de palisandro y las hijas de Santiago,
que rodeado en Rancagua por la muerte
y la pólvora.
Eres el mismo sólido retrato
de quien no tiene padre sino patria,
de quien no tiene novia sino aquella
tierra con azahares
que te conquistará la artillería.
Te veo en el Perú escribiendo cartas.
No hay desterrado igual, mayor
exilio.
Es toda la provincia desterrada.
Chile se iluminó como un salón
cuando no estabas. En derroche,
un rigodón de ricos substituye
tu disciplina de soldado ascético,
y la patria ganada por tu sangre
sin ti fue gobernada como un baile
que mira el pueblo hambriento
desde fuera.
Ya no podías entrar en la fiesta
con sudor, sangre y polvo de
Rancagua.
Hubiera sido de mal tono
para los caballeros capitales.
Hubiera entrado contigo el camino,
un olor de sudor y de caballos,
el olor de la patria en primavera.
No podías estar en este baile.
Tu fiesta fue un castillo de
explosiones.
Tu baile desgreñado es la contienda.
Tu fin de fiesta fue la sacudida
de la derrota, el porvenir aciago
hacia Mendoza, con la patria en brazos.
Ahora mira en el mapa hacia abajo,
hacia el delgado cinturón de Chile
y coloca en la nieve soldaditos,
jóvenes pensativos en la arena,
zapadores que brillan y se apagan.
Cierra los ojos, duerme, sueña un
poco,
tu único sueño, el único que vuelve
hacia tu corazón: una bandera
de tres colores en el Sur, cayendo
la lluvia, el solo rural sobre su tierra,
los disparos del pueblo en rebeldía
y dos o tres palabras tuyas cuando
fueran estrictamente necesarias.
Si sueñas, hoy tu sueño está cumplido.
Suéñalo, por lo menos, en la tumba.
No sepas nada más porque, como antes,
después de las batallas victoriosas,
bailan los señoritos en palacio
y el mismo rostro hambriento
mira desde la sombra de las calles.
Pero hemos heredado tu firmeza,
tu inalterable corazón callado,
tu indestructible posición paterna,
y tú, entre la avalancha cegadora
de húsares del pasado, entre los ágiles
uniformes azules y dorados,
estás hoy con nosotros, eres nuestro,
padre del pueblo, inmutable soldado.
Canto General de Chile, 1995, p.368-371.
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CHILLAN
VIEJO, ¡VIEJO, MI QUERIDO VIEJO!
Fidel Sepúlveda Llanos
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Fidel Sepúlveda
Llanos (1936-2006) |
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Con tu O’Higgins
recortado
repatriado, despatriado,
No de a peso
sino a veinte.
Hacen su agosto
con tu veinte,
tan angosto,
tan angosto
como el Chile que encendiste,
tan angosto
¿tan angosto?
¿tan de a veinte?
¿Para eso te jodiste,
Chillán Viejo
chillanejo?
Te jugaste le pellejo
por un veinte
tan angosto.
¿Para eso?
¿Para eso?
¡Para eso!
Geografías, poemas y por navidad
auto sacramental. Nueva Universidad, Universidad Católica
de Chile, Santiago, 1974.
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O’HIGGINS
Sara Vial
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Sara
Vial (1931-....) |
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Pensativo
señor de tu destierro,
tan hijo de Virrey como soldado
y solo con tu patria desposado,
con su dedal de espuma y con su hierro.
Aún sabes extender libertadora
mirada hacia una Escuadra navegante,
sintiendo que en el mar perseverante
está nuestra raíz anunciadora.
En Montalbán callaste, grande y puro,
a solas con tu honor, como trofeo
tu insobornable corazón maduro.
¡Ay, don Bernardo, eleva en tu montura
esta estrofa que busca sin correo
y en plena mar azul, cabalgadura!
En Oreste Plath
Tradición de Ñuble. Espacio y tiempo. Visión
histórica, Municipalidad de Chillán, 1993.
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