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Señores Oficiales de las Fuerzas Armadas
Colegas del mundo académico
Invitados especiales
Es muy estimulante para un historiador de provincia ser
invitado a participar a un evento académico en la capital, donde,
muy excepcionalmente, se considera que tenemos algo que aportar para un
debate.
Que Santiago es Chile no cabe la menor discusión, desde el centro
se decide todo lo esencial para la vida nacional, incluso, desde aquí
salen a las regiones políticos interesados para representarnos
en el Congreso Nacional. Los premios Altazor son una fiesta de las artes
santiaguinas en la que muy rara vez se consideran nombres provincianos
En nuestra literatura hay una perla de colección que me gusta citar,
una y otra vez, porque ilustra magníficamente el punto crítico
de las relaciones del Gran Centro y su periferia. En el sabrosísimo
libro de Manuel Jesús Ortiz (1870-1945), Cartas de la Aldea, ambientado
en San Ignacio, Ñuble, a comienzos del siglo XX, se cuenta una
anécdota que ilustra bien sobre la mentalidad santiaguina:
De visita en la región, un jovenzuelo capitalino fue llevado por
sus parientes a conocer el río Bío-Bío, río
rey, llamado así por Vicuña Mackenna, con la esperanza de
impresionarlo con la majestad de ese regalo de Dios para nuestros ojos,
necesidades y sentimientos. Los parientes del santiaguino se quedaron
atónitos cuando el jovenzuelo comentó con displicencia:
“está bien para ser un río de provincia…”
En este punto si que es cierto como diría Nicanor Parra, que la
izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas.
Desde hace algunos años hemos venido planteando a través
de la prensa regional y en diversos foros que la conmemoración
del Bicentenario de la República es una oportunidad propicia para
recuperar y proyectar los grandes valores nacionales, reflexionar sobre
nuestras grandezas y debilidades, elevar la mirada hacia un futuro enriquecido
con las luces y sombras de la experiencia histórica acumulada.
Hemos insistido que no basta programar grandes obras públicas,
que había que apuntar también, y prioritariamente, al enriquecimiento
de la vida espiritual de la nación. Apenas es necesario decir,
como lo advirtió Gabriela Mistral en la conmemoración del
Centenario en 1910, que no se trata de una “pasajera diversión
popular que constituyen las fiestas acostumbradas en tales circunstancias,
sino un verdadero movimiento de progreso nacional de una utilidad suprema
y verdadera” (1)
Se nos viene el Bicentenario encima con abundantes recursos para la promoción
de la cultura, pero no se divisan proyectos significativos llamados a
trascender en el tiempo. En realidad, sólo el gran proyecto editorial
propuesto por la DIBAM a la Cámara Chilena de la Construcción,
que le brindó acogida, permitirá reeditar 100 obras clásicas
de la cultura chilena que han sido cimiento del progreso nacional.
Digno del mayor encomio es la decisión del gobierno chileno de
acoger la propuesta del Embajador de Chile en el Perú Cristian
Barros para reconstruir y poner en valor cultural la casa en que O’Higgins
vivió en Lima que ha sido refaccionada y se prepara para abrir
sus puertas con un museo y actividades culturales destinadas a relevar
la vida y obra de quien fuera, por los avatares de la historia, también
un gran forjador de la Independencia del Perú.
Los recientes sismos que afectaron al país hermano causaron graves
daños a la casona de la Hacienda de Montalbán con que el
gobierno peruano brindó a O’Higgins compensación por
sus múltiples sacrificios, incluida su ruina económica personal.
Desde Chillán Viejo el alcalde Julio San Martín, en compañía
del presidente del Instituto O’Higginiano de Chile Pedro Aguirre
Charlín y del profesor que les habla, solicitó entrevista
con la Ministra de Cultura Paulina Urrutia para expresarle nuestra preocupación
por la suerte de de este recinto tan caro a la memoria de O’Higgins.
No tenemos respuesta a estas preocupaciones pero confiamos que las habrá.
Por fortuna la prensa ha informado que personeros peruanos y chilenos
están preocupados para que Montalbán se identifique como
un símbolo de la admiración compartida de peruanos y chilenos
por este gran patriota americano.
El embajador de Perú en Chile señor Hugo Otero nos ha informado
que espera pronto instalar en el frontis de esa sede diplomática
un busto de quien recibiera un título que merece ser recordado
con mayúscula: Gran Mariscal del Perú.
En compañía de mi estimado amigo Luis Valentín Ferrada,
hemos visitado al embajador Otero y hemos convenido llevar adelante un
proyecto que recupere en un libro y en un video la profunda relación
histórica de O’Higgins con el Perú, tarea en la que
estamos hilvanando los primeros tramos y que confiamos arribará
a buenos resultados.
Nos ha llamado la atención que en la perspectiva del Bicentenario
no se haya pensado en situar al fundador de la República, Bernardo
O’Higgins Riquelme, en el lugar que corresponde y que, por el contrario,
la irresistible tentación de la farándula televisiva se
haya permitido maltratar su memoria con obras surgidas de guionistas de
teleseries y que, han logrado recomendación oficial como apoyo
a la docencia. Los resultados se conocen: una curiosa votación
de estudiantes ignaros y de profesores poco leídos han dejado al
prócer fuera del ranking de los 10 mayores chilenos. Su compañía
en la exclusión junto a Andrés Bello, Claudio Arrau, Manuel
Bulnes, Arturo Merino Benítez, Marta Colvin, sólo confirma
la crisis educacional que preocupa a quienes sienten a Chile como misión
y tarea.
Desde la comuna donde el prócer nació, con el auspicio de
una municipalidad empeñada en ser digna de su cuna y de la Universidad
del Bío-Bío que ha dado el aporte académico, ha surgido
el proyecto ExpO’Higgins Bicentenario.
Se trata de una muestra de la presencia del prócer en la cultura
nacional: historiografía, literatura, teatro, música, folclore,
pintura, escultura, filatelia, numismática y puntos geográficos,
que en 52 paneles, agrupados en 9 módulos, aspira en convertirse
en un centro motivador de actividades culturales diversas: conferencias,
mesas redondas, seminarios, recitales, conciertos, presentaciones teatrales,
ediciones de libros, folletos y videos, concursos escolares. Nuestro propósito
es crear en diversos puntos un clima propicio para interesar al sistema
escolar, actores culturales y medios informativos en la vida y obra de
O’Higgins. La ExpO’Higgins Bicentenario ha
sido reproducida en 200 versiones que serán destinadas a centros
culturales bien escogidos donde esperamos encontrar una buena audiencia.
¿Por qué decidimos recuperar la figura de O’Higgins
en la cultura nacional?
Para la inmensa mayoría de los chilenos, con mayor o menor fundamento,
se le reconoce como el “insigne soldado”, pero se sabe poco
o nada de su formación cultural, de su obra cultural como gobernante
y de su impacto en la vida cultural de la nación.
En estricto rigor nuestro prócer fue un estadista cuya visión
superó lejos a la de los actores de su tiempo. En la Convención
Preparatoria de 1822, dijo:
“El actual estado de la civilización y de las luces nos descubre
bien la necesidad de adelantar, o por mejor decir, plantear de un modo
efectivo y suficiente, la educación e ilustración. Necesitamos
formar hombres de Estado, legisladores, economistas, jueces, negociadores,
ingenieros, arquitectos, marinos, constructores, hidráulicos, maquinistas,
químicos, mineros, artistas, agricultores, comerciantes. Las luces,
las riquezas y el poder anduvieron siempre reunidos en las naciones; sin
estos elementos, que las unen, nacen de las otras, Chile no será
nación, ni logrará el fruto de sus sacrificios”. (2)
La riqueza de este planteamiento es sorprendentemente actual: la riqueza
material y la riqueza cultural son el fundamento de la fortaleza del Estado
y la Nación.
O’Higgins tenía claro que había que formar a los constructores
de la República en los conocimientos modernos y que entre esos
constructores se necesitaban no sólo productores de bienes materiales,
también de bienes espirituales que surgen de la imaginación
de los artistas.
En esa línea promovió la educación pública,
el teatro, la música, la ciencia y tecnología, la salud
pública, la imprenta y la valoración de los méritos
por sobre la herencia.
Sus estudios en Lima, pero sobre todo en Richmond, le permitieron un desarrollo
intelectual muy superior al elenco dirigente de la sociedad chilena, su
dominio de lenguas europeas, el cultivo de la música y de la pintura,
le dieron una sensibilidad que no encontramos en ninguno de los grandes
próceres de la emancipación americana.
Estos atributos de su personalidad y sus obras como gobernante han sido
destacados por grandes historiadores nacionales: Diego Barros Arana, Benjamín
Vicuña Mackenna, Miguel Luis Amunátegui, Jaime Eyzaguirre,
Eugenio Orrego Vicuña, Fernando Campos Harriet, Luis Valencia Avaria,
Julio Heise González, Guillermo Feliú Cruz, Sergio Fernández
Larraín y Ricardo Donoso.
Ricardo Donoso ha dicho “con notoria injusticia se ha dicho que
el gobierno de don Bernardo O’Higgins fue estéril para el
desarrollo de nuestra organización social y política. Juzgados
desde este ángulo sus esfuerzos por modificar la estructura que
nos legó el régimen colonial, importaría el más
imperdonable error dejar de proclamarlo como el más decidido de
los reformadores, resuelto a implantar en Chile un régimen de tolerancia
y de justicia social, que abriera el cauce a un sistema de verdadera raigambre
democrática”. (3)
Historiadores extranjeros como Simón Collier, Carlos Galván
Moreno y Antonio Cacua Prada han destacado su obra. En ese mismo rumbo,
investigadores mas recientes como Roberto Arancibia Clavel, Renato Valenzuela
Ugarte y Jorge Ibáñez Vergara, han enriquecido su biografía.
Un reformador progresista que debió remover los obstáculos
del atraso y la pobreza y que, como todo gobernante cometió errores,
pero cuya evaluación global muestra al fundador de un proceso en
transición de la Colonia a la República. Desde luego que
no han faltado detractores entre los cuales se ha criticado su autoritarismo,
incluso se ha señalado que no representó a cabalidad la
voluntad democrática de un pueblo cuyo analfabetismo y atraso cívico
hacían impensable una “participación democrática”
como se demanda en nuestros días.
La revisión de esta bibliografía y la valoración
de lo esencial de su obra, contrasta con el desconocimiento que el chileno
medio tiene incorporado a su acervo cultural. Tal vez la densidad de las
obras y la escasa preocupación didáctica del sistema escolar
sea responsable de este contraste. Como una contribución a superar
este desfase entre la historiografía mayor y el conocimiento promedio
nos hemos propuesto explorar caminos motivadores como el que estamos ofreciendo
en la perspectiva del Bicentenario de la República.
En la literatura chilena O’Higgins ha sido inspiración de
nuestras figuras mayores: Gabriela Mistral y Pablo Neruda. Gabriela lo
llamó “el primero de nosotros” y Pablo “padre
del pueblo”. Escritores como Ángel Cruchaga Santa María,
Roberto Meza Fuentes, Nicanor Parra, Oscar Castro, Sara Vial, Oscar Martínez
Bilbao, Fernando Santiván, Juanita Gallardo, Fidel Sepúlveda
Llanos y Juan Gabriel Araya han escrito poemas y novelas de calidad.
En el teatro sobresale la obra de Fernando Debesa, Víctor Domingo
Silva, Alberto del Solar, Eugenio Orrego Vicuña, Daniel Barros
Grez y mas recientemente de Enrique Gajardo Velásquez, Juan Pablo
Garrido y Juan Bravo Cárdenas.
En la música se registran varias obras pero, sin duda, ha sido
la asociación de Pablo Neruda y Vicente Bianchi la que ha marcado
la mayor popularidad. Julio Barrenechea y el mismo Vicente Bianchi son
autores de una obra que hemos rescatado del olvido y que ha sido estrenada
por la Banda Instrumental del Regimiento de Infantería Nº
9 de Chillán.
En la pintura están las obras clásicas de José Gil
de Castro, Thomás Somerscales, Pedro Subercaseaux Errázuriz,
Pedro Abelardo Reszka, Julio Vila y Prades, Narciso Desmadryl, Walterio
Millar Castillo, Manuel A. Tapia Portus, Manuel Antonio Caro, Raymond
Monvoisin, Juan Mauricio Rugendas, Otto Grashoff, Cosme San Martín,
José Tomás Vandorse, Jiuleo Nanneti, Álvaro Casanova
Zenteno, Alberto Sepúlveda Rivero, Miguel Venegas Cifuentes, Ronald
Röber Penroz, joven pintor chillanejo autor del retrato de O’Higgins
que preside el Salón Municipal de Chillán Viejo y del óleo
O’Higgins en el piano con el que se busca destacar este aspecto
desconocido del Libertador.
La escultura, que ha sido la base de los monumentos y monolitos es un
capítulo extraordinariamente interesante que merecería una
investigación a fondo. Hemos comprobado que de importantes monumentos
no se registran autores ni circunstancias en que fueron levantados, especialmente
los situados en el extranjero. Otros como los de La Alameda, Plaza de
Armas de Chillán y de una Plaza en Valparaíso, tienen historias
ricas y sorprendentes. Especial mención merecen el monumento de
la Victoria de Chacabuco de Héctor Román Latorre y el Mural
de Piedra de María Martner en Chillán Viejo.
Con los monumentos de O’Higgins, como ocurre con numerosos otros
a lo largo del territorio nacional, con la excepción del Monumento
a los Héroes de Iquique en Valparaíso debidamente protegido,
se encuentran descuidados de atención elemental y suelen ser dejados
presentables en vísperas de eventos patrióticos en su entorno.
No hay disposiciones legales que penalicen el maltrato de estos monumentos
que ofrecen a diario el triste espectáculo de una sociedad que
no respeta su memoria.
En la filatelia chilena se registra una fuerte presencia del Libertador,
otro tanto ocurre con la numismática y la creación de medallas
y símbolos de alta consideración entre los que destaca la
Piocha de O’Higgins, ligada a la solemnidad del mando presidencial.
Calles, parques, regiones, barcos, museos, bibliotecas, clubes deportivos,
hoteles, universidades, llevan su nombre, lo que expresaría un
verdadero culto, siempre y cuando fuese acompañado de las debidas
consideraciones. Nunca se reglamentó su utilización.
De estas denominaciones nos parece notable que la Armada de Chile, fundada
por el prócer, haya mantenido siempre un barco con su nombre, el
que se ha dado recientemente a un moderno submarino y el gobierno haya
dado su nombre en la Antártica a Tierra de O’Higgins.
¿Cuántos chilenos conocen la genialidad de O’Higgins
de haber vislumbrado que los dominios de Chile llegaban hasta el Polo
Sur y que en los mares australes y, particularmente en Magallanes, había
una potencialidad inmensa para el desarrollo nacional?
¿Cuántos chilenos tienen conciencia de los esfuerzos que
significó formar el Ejército de Los Andes y luego la Expedición
Libertadora del Perú?
¿Cuántos chilenos conocen la rica personalidad de un hombre
de cultura superior que contrastaba con las escasas luces y horizontes
de sus contemporáneos?
Las fuentes que ilustran su grandeza están a la vista de quien
quiera conocerlas y sin embargo, impera en la sociedad chilena una suerte
de “analfabetismo histórico”, desgraciadamente no sólo
sobre O’Higgins.
El sistema educacional y los medios de comunicación tienen una
alta responsabilidad, pero también todos los que no hemos sido
perseverantes ni eficaces para instalar al Padre de la Patria en la conciencia
y el corazón de los chilenos.
La región es testigo de nuestros afanes a través de la itinerancia
de la ExpO’Higgins Bicentenario, de la edición
del libro O’Higgins: cultura y nación, de
conferencias y numerosos artículos en el rumbo señalado
para los cuales hemos contado con el apoyo de militares estudiosos del
tema, el general (r) Roberto Arancibia Clavel y el contralmirante (r)
Renato Valenzuela Ugarte, general (r) Waldo Zauritz, quienes han compartido
con nosotros eventos y mensajes muy estimulantes.
“No se canse don Alejandro”, me dice en una carta el general
Arancibia al recibir nuestro libro O’Higgins Cultura y Nación.
La advertencia no es inútil cuando hemos postulado sin éxito
en algunos fondos concursables y en uno se nos brindó una pequeña
contribución y hemos tenido que recurrir a la Presidencia de la
República donde los presidentes Ricardo Lagos Escobar y Michelle
Bachelet han otorgado los recursos que nos han permitido las primeras
realizaciones.
No nos cansaremos estimado general, estamos ciertos que la acogida que
hoy encontramos en la Academia de Historia Militar y en el Museo Histórico
y Militar, es el comienzo de una colaboración que esperamos se
proyecte en todo el país. En abril pasado presentamos la ExpO’Higgins
Bicentenario en el Regimiento de Infantería de Chillán
donde el Coronel Juan Bonhomme nos acogió con afecto y puso esta
muestra documental ante los ojos de más de 400 conscriptos que
junto a sus familiares pudieron recorrerla durante varios días
y aproximarse al Padre de la Patria.
Las Fuerzas Armadas tienen un profundo arraigo en la historia y geografía
del país. Conocen y sienten al país entero tal vez como
ninguna otra institución de la vida nacional; desde el desierto
al polo sur están presentes para proteger las fronteras, pero también
para convertirlas en espacios de colaboración con nuestros vecinos
convencidas que la mejor carta para la seguridad nacional es la amistad
con los pueblos hermanos. El Instituto Geográfico Militar ha levantado
la carta más completa sobre el conocimiento de nuestra loca geografía;
el Ejército del Trabajo ha iniciado la histórica tarea de
construir la carretera austral; sus contingentes militares instruyen cada
año a jóvenes chilenos, no sólo en el dominio de
las armas, también en el dominio de la vida, enseñando oficios
y valores. Por estas razones las Fuerzas Armadas han sido siempre regionalistas,
vocación perfectamente compatible con la verticalidad del mando.
Ellas viven y sienten la geografía y la historia de Chile entero.
Llegamos hasta este recinto a mostrar nuestros esfuerzos para recuperar
y proyectar la figura del Libertador, seguros que habremos de recibir
observaciones valiosas para mejorar nuestros afanes, pero que no escucharemos
aquí expresiones como éstas: “este O’Higgins
de Chillán Viejo no está mal para ser una obra de provincia”.
NOTAS
1. Sobre el Centenario. Ideas de una maestra (1909) en Gabriela Mistral.
Pensando a Chile. Una tentativa contra lo imposible.
Jaime Quezada (Compilador) Cuadernos del Bicentenario, Presidencia de
la República, 2004. p. 311.
2. Sesiones de los cuerpos legislativos de la República de Chile,
1811-1845. VI. p. 228.
3. Ricardo Donoso. Las ideas políticas en Chile.
FCE. México, 1946, p. 63.
Intervención en las IV Jornadas de Historia Militar organizada
por la Academia de Historia Militar, Santiago, 18 y 19 -VII-2008.
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Carlos René Ibacache
Presidente de la Corporación Cultural
Ñuble XXI
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Fue plantado por el joven Bernardo Q'Higgins,
hace 200 años. Lo hizo en los comienzos de 1800, en la
hacienda que su padre, don Ambrosio, había dejado como
herencia en Las Canteras, localidad ubicada a treinta kilómetros
de Los Ángeles y que hoy alberga a más de tres
mil habitantes. Su centro cultural, porque lo tiene, está
en el Liceo C-80, hermoso edificio que ya se lo quisiera una
ciudad grande. Allí lideran el director Eduardo Vielma
y el presidente Pedro Sánchez.
El lugar es tremendamente atractivo, especialmente el predio,
donde el castaño es testigo y símbolo de una época
fabulosa, desde la mirada que nos ofrece el paisaje y desde
la visión histórica, que nos invita a reflexionar
sobre la vida, pasión y muerte del prócer. Desde
el monumento que allí se levanta, pareciera evaluar el
paso del tiempo y el valor de su sacrificio.
Inspirado por esa realidad, el profesor y poeta valdiviano Camilo
Henríquez González (igual que el cura de "la
buena muerte"), escribió en 1978 esta composición,
que él tituló "Oda al castaño de Canteras".
Así lo hizo:
¡Silencio! "El castaño reposa/ no turbes
su calma de abuelo soñoliento/ la siesta del estío
es sublime y es larga/. Mirad que ya no puede con sus brazos
cansados/. Considerad que tiene herido su costado/. ¡Qué
pequeño me siento bajo tu arboladura! ¡Qué
respeto me asalta frente a tu majestad!/ La mano del patriota
que en Chillán y en Rancagua/ enarbolara en alto el hierro
libertario/, cogió tu débil tallo y te amarró
a la patria/ dejando de testigo tu presencia sagrada/. Un día
morirás, como se apaga un alma/ y tal vez la brisa que
mece tu copa/ te escuche susurrar al morir ¡Magallanes!/.
Entonces yo quisiera con mis humildes manos/ abrir una gran
fosa al medio de la patria/ y allí depositar tu silente
esqueleto/ y unir de ahí y por siempre Tierra, Corazón
y Árbol."
Hasta ahí estos versos. En efecto, está viejo
el castaño. Estamos celebrando también su bicentenario.
Las manos de quienes lo cuidan, le han puesto apoyo a los gruesos
troncos, que como poderosas ramas, rodean su vegetal estructura.
No obstante resiste y su generosa frondosidad así lo
demuestra.
Algunas castañas que ha producido últimamente,
han sido destinadas a la tierra, para que desde allí
surja un nuevo árbol, que los socios del reciente Instituto
O'Higginiano, creado por un grupo de angelinos, prometen mantener
y cuidar. Y no sólo se ha comprometido a realizar esta
entidad de reciente creación en Los Ángeles. En
fecha cercana, el 2 de diciembre de 2006 se ha reunido en Las
Canteras, con el Instituto O'Higginiano de Chillán Viejo.
En la fecha citada ambas entidades se reunieron en Las Canteras,
para revisar sus proyectos y echarlos a caminar.
Los presidentes de uno y otro Instituto, Alejandro Mege y Alejandro
Witker, con sus respectivas delegaciones, estudiaron, analizaron
y expusieron sus planes, dejando de manifiesto, que sus intenciones
van mucho más allá de colocar un ramo de flores
al pie del monumento del héroe cada 20 de agosto. Los
Angelinos pretenden construir una casa y un museo en el predio
"El Castaño", cuyo proyecto ya lo tiene listo
el arquitecto Osvaldo Cáceres y los chillanvejanos, por
su parte, pretenden recorrer los sitios donde O'Higgins dejó
su huella. Ya el profesor Alejandro Witker visitó Lima
y él y sus consocios, visitaron El Roble, lugar donde
el prócer se alzó militarmente como líder
en la histórica batalla de su nombre. Las próximas
visitas serán Buin, Talca, Rancagua, etc., y lo más
inmediato, es un libro, ya en prensa, del profesor Witker, que
tendrá resonancia provincial, regional y nacional y por
qué no ¿internacional?
Hatuey, nº 19,
Chillán XII 2006.
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O'HIGGINS: CULTURA PARA UNA NACIÓN
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Por Fernando Arriagada Cortés
Secretario General. Instituto O’Higginiano
de Chillán Viejo
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El pasado 24 de marzo y
en el marco de preparación hacia el bicentenario nacional,
fue presentado en la sala Schaeffer, el último trabajo
historiográfico del investigador local Alejandro Witker
Velásquez, relativo al prócer nacional, Bernardo
O'Higgins Riquelme, obra que le llevó unos diez años
de recopilación de antecedentes escritos y gráficos.
La obra en si está inserta en la serie Grandes de Ñuble,
que ya suma cuatro títulos (los anteriores fueron Claudio
Arrau, Armando Lira y Tomás Lago)y los cuales se han constituído
en valiosos aportes del Taller de Cultura Regional que desarrolla
sus quehaceres en nuestra ciudad, bajo el alero del Centro de
Extensión de la Universidad del Bío Bío y
la Municipalidad de Chillán Viejo. El libro actual, O'Higgins:
Cultura y Nación, es una propuesta amplia e integral que
nos entrega valiosos aspectos de la vida, obra y trascendencia
de nuestro Libertador a través de sus 250 páginas
de gran formato. El texto está dividido en dos partes (Aproximaciones
y Testimonio) que forman diez capítulos en total, destacando
importantes hitos de don Bernardo como: El ejército de
los Andes, Vocación Marítima, Exilio y Regreso,
como también su presencia nacional a través de investigadores,
expresiones artísticas y culturales variadas, etc. La segunda
parte se refiere a los testimonios en donde se transcriben poesías
alusivas a su quehacer, himnos y canciones, como Gloria a O'Higgins,
del poeta Julio Barrenechea con música de Vicente Bianchi,
este último de feliz presencia en la ceremonia de Chillán.
Destaca también la transcripción de tres obras de
teatro completas, en las cuales está presente el dramaturgo
local Juan Pablo Garrido con su premiada obra "carta imaginaria
de Bernardo a su padre".
Finaliza el libro de excelente fotografía, diagramación
y abundante colorido con un conjunto de documentos como los consejos
de Miranda, escritos del libertador y homenajes de los historiadores
Barros Arana y Vicuña Mackenna, para cerrar con una cronología
y orientaciones bibliográficas, que demuestran parte del
acucioso trabajo del doctor Witker.
Valoramos y agradecemos el nuevo e importante aporte al conocimiento
y difusión de una figura señera e imprescindible
de nuestra historia, como lo es el hijo de doña Isabel
Riquelme, el cual llega a nosotros con su oportuno mensaje y testimonio
de amor, trabajo y entrega a una causa superior, como fue su desinteresado
servicio a Chile. En un tiempo ausente de líderes trascendentes,
de falta de perspectiva para observar más allá del
día a día, de ausencia de visiones socialmente integradas;
O'Higgins nos invita a construir una sociedad más justa
y buena, capaz de unirse porque todos sabemos "que una casa
dividida contra si mismo no puede resistir, suplico a mis compatriotas
de las tres grandes divisiones de mi país, para que cultiven
la más estrecha unión y amor fraternal y que adopten
todas las medidas más eficaces para promover y establecer
una identidad completa en sus intereses" como lo señaló
en su testamento. Es una gran tarea a desarrollar. Un trabajo
pendiente que debiera motivar a todos los chilenos, superando
las injusticias sociales, las discriminaciones y volver a nuestras
raíces indígenas e hispanas, para reconocer en ellas
nuestra identidad y de esa manera, integrarnos a los múltiples
desafíos del bicentenario que tenemos ad portas.Es el sueño
de Bolívar, O'Higgins, San Martín y Artigas.
La Discusión
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O’HIGGINS:
BARBARIE EN LA PLAZA DE ARMAS |
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Alejandro Witker
Presidente Instituto O’higginiano
de Chillán Viejo
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Los monumentos se han creado como expresión
material y artística de la conciencia histórica
de los pueblos.
En Chile esa conciencia se ha manifestado en unos cuantos monumentos
de gran jerarquía: O’Higgins en la Alameda de Santiago
(1872), los Héroes de Iquique en Valparaíso (1886),
Benjamín Vicuña Mackenna en Santiago (1908), El
Roto Chileno en la Plaza de Yungay de Santiago (1888), para
señalar sólo algunos de los más relevantes.
A este selecto grupo de monumentos pertenecen nuestro O’Higgins
instalado en la Plaza de Armas de Chillán (1919); obra
del escultor argentino Roberto Negri de cuya biografía
nadie se ha interesado hasta la fecha y sobre cuyas huellas
estamos explorando en Argentina.
El periodista Rafael Maluenda (1885-1963), nos dejó una
estupenda crónica sobre este monumento publicada en Pacífico
Magazine (1919), que los guardianes culturales de la ciudad
deberían reproducir, enmarcar y situar en las escuelas
y lugares públicos para que los escolares, la ciudadanía
y las propias autoridades tomen conciencia del valor patrimonial
de este monumento y se esmeren en brindarle los cuidados que
merece.
La crónica de Maluenda ha sido recuperada y se incluirá
junto a una selección de los mejores artículos
de prensa publicados sobre O’Higgins en un nuevo libro
que esperamos editar el próximo año.
Resulta curioso, para decir lo menos, que una ciudad que alega
ser “capital histórica y cultural de Chile”,
no se haya preocupado del monumento principal instalado en la
capital de Ñuble en el marco del Centenario de la República
y que se acuerde de su existencia sólo para ciertas efemérides
donde se procede a “bañarlo”, para que esté
“presentable” cuando se pronuncien los conocidos
discursos que cada año repiten más o menos las
mismas letanías porque no se pierde el tiempo en investigar,
filón gris y laborioso que no proporciona votos ni aplausos
de la galería.
Así el prócer máximo de la República,
bajo cuyas sombras se protege la demagogia política,
permanece entregado a la barbarie grafitera y a diestros manejadores
de patinetas que han convertido su entorno en escenario para
piruetas y estropicios.
¿Tienen las autoridades conciencia del valor y significado
de las esculturas situadas en torno al monumento y que sufren
un permanente maltrato de los bárbaros que se ensañan
constantemente contra el monumento?
La Historia, representada por una mujer evocando a Clío,
la diosa de la historia en la mitología griega. Costado
oeste. La Batalla de El Roble (1813). Costado norte. El pueblo
coronando a sus héroes. Costado este. La Batalla de Rancagua
(1814). Costado sur.
Le ofrecemos, amable lector unas cuantas vistas de los agravios
permanentes que recibe el Libertador en la Plaza de Armas de
Chillán, a vista y paciencia de las mismas autoridades
que en su memoria organizan desfiles y ponen en sus plantas
ofrendas florales.
O’Higgins prohibió los rayados murales dejando
la señal de cultura urbana que desgraciadamente se ha
perdido porque las autoridades se han desentendido del tema,
en las familias y en las escuelas ya no se enseña aquella
máxima antigua que decía: “la muralla es
el papel del canalla”.
Para que no se diga que sólo somos críticos, sugerimos
a las autoridades replicar en la Plaza de Armas de Chillán
el modelo protector del gran monumento a los Héroes de
Iquique de Valparaíso o, si prefieren ir más cerca,
visiten Ninhue para que vean cómo en la flamante plaza
en cuyo centro se ha instalado un monumento de Arturo Prat,
éste ha sido rodeado de espejos de agua que protegen
al prócer del vandalismo y agregan a la ciudad esa belleza
tan recurrente en muchas plazas del mundo.
Hatuey, nº 25,
Chillán VI 2007.
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MÁS
RESPETO, POR FAVOR |
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La
Discusión, Editorial. |
Es un espectáculo
deplorable. Ver el principal monumento al Libertador Bernardo
O’Higgins lleno de rayados genera profunda molestia tanto
con sus autores, como por las condiciones que hacen posible que
atentados de este tipo sean cometidos de manera tan impune
Incluso para los defensores extremos de un tipo de libertad sin
amarres de deberes, resultaría complicado decir que este
(tipo de graffitis son la expresión de una generación
que quiere protestar contra el establishment. Hay que dejar los
eufemismos de lado y decir con propiedad que estamos ante actos
vandálicos que pueden tener ciertamente vertientes distintas,
pero que en definitiva causan un daño a la propiedad pública,
a la memoria histórica de los pueblos. .
Nos parece que los jóvenes que deambulan, particularmente
cuando ha oscurecido en la Plaza de Armas de Chillán, y
que de uno u otro modo recibieron algún grado de aceptación
en un comienzo, no supieron aprovechar bien aquella bondad y -patinetas
en mano- decidieron ser los amos y señores del lugar, evitando
incluso que los ciudadanos accedan con plena libertad. No sabemos
si son o no responsables del atentado con pintura spray en el
monumento al máximo prócer nacional, como más
de alguien sospecha. En caso contrario debieron ser los primeros
en denunciar el hecho y no ampararse en el silencio cómplice.
No nos parece adecuado en estos tiempos tener que citar leyes
para cada acción que comprometa la normal convivencia social,
y tal vez por eso en la práctica no se aplica una legislación
vigente que castiga, incluso con pena de cárcel, el daño
a un monumento nacional. Pero es aconsejable a lo menos que los
responsables del orden y seguridad cautelen con más rigurosidad
aquellos lugares que están siendo objeto de ataques como
el que hemos visto.
La Municipalidad de Chillán que tiene un equipo de inspectores
en las calles, también debiera preocuparse de proteger
de mejor manera zonas como la principal plaza de la ciudad.
En poco tiempo el paseo por excelencia de la gente de esta ciudad
y más allá se ha tornado, y especialmente en las
noches, en un punto de encuentro de grupos que tienen más
característica de pandillas que de "clubes juveniles".
Incluso se observa prostitución en horas más elevadas,
lo cual hasta hace un tiempo no era común.
En la medida que se va haciendo vista gorda a situaciones de este
tipo, se van tornando habituales y en aumento, y no es lo que
la ciudadanía demanda.
Volviendo al tema inicial de este comentario, no conseguimos encontrar
argumento que justifique la acción de grafiteros contra
monumentos de nuestros próceres, así como contra
edificios públicos y privados que han hecho un esfuerzo
por mantenerse en buenas condiciones, visualmente limpios. Incluso
les han creado clubes, facilitado materiales y asignado espacios
para que practiquen una suerte de manifestación de "cultura
urbana.", que bien enfocada nada de condenable tiene. Pero
están optando por un camino distinto.
Editorial, La Discusión,
Chillán, 17-IV-2007.
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Camilo Taufic
Periodista
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¿Qué es mejor
para un periodista al hablar de un libro? ¿Hacer la crítica
convencional, argumentativa y lata, o contar para miles de curiosos
algo de su contenido, anticipándose o sustituyendo a una
lectura masiva del volumen que tal vez nunca ocurra?
Hemos optado por el segundo camino para hablar de Bernardo O'Higgins
como un hombre culto y un pintor (sí, pintor). Y basados
en una publicación de extraordinario contenido: el libro
del historiador chillanejo -y nacional- Alejandro Witker, recién
editado, "O'Higgins: Cultura y Nación - Repertorio
para el Bicentenario de la República".
Está confeccionado con un alarde de erudición entretenida,
profusión de ilustraciones y pequeños y grandes
datos sobre el prócer nunca dados a conocer en conjunto,
durante 250 páginas a maravilloso color y en papel de lujo,
que traen desde los discursos fúnebres cuando sus restos
regresaron desde el exilio peruano, en 1869, hasta la carta que
le dirigiera su mentor, el caraqueño Francisco de Miranda,
en 1799, cuando el padre de la patria decidió regresar
a Chile desde Inglaterra.
O'Higgins era, en el país de su tiempo
-nos cuenta Alejandro Witker-, uno de los chilenos más
cultos: dominaba dos idiomas extranjeros: inglés y francés,
y se entendía perfectamente con los mapuches en su lengua
vernácula.
Había leído no pocas obras de filosofía y
derecho, algunas de ellas en latín, lengua que se enseñaba
obligatoriamente en los colegios ingleses donde se formó.
Entre los grandes próceres americanos, Bolívar,
San Martín, Sucre y Miranda, el nacido en Chillán
fue el único seducido por el arte, según afirma
el autor. Fue dibujante y pintor.
Obras suyas existen en los museos de Lima y de Maipú. Tocaba
piano, acordeón, violín, flauta y guitarra. Interpretaba
música clásica y fo1clórica.
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En el capítulo "O'Higgins a través de su pincel"
se nos presentan en el libro de Witker dos miniaturas pinta das
por aquél, "suficientes para atestiguar la calidad
plástica del libertador" (se trata de un autorretrato
de O'Higgins, donde se le ve muy joven, en una superficie de 8,3
por 6,4 centímetros de marfil, y de retrato de su hermana,
Rosita, que es una miniatura de 14,3 por 11,8 centímetros
también realizada sobre marfil, Ambos retratos se encuentran
depositados en el Templo Votivo de Maipú. El primero de
ellos se aprecia en esta página).
O'Higgins también fue un notable acuarelista, abordando
temas históricos, en imágenes un poco más
grandes (de 30 por 40 centímetros), en que emplea una visión
de conjunto "con perspectiva aérea y sentido de la
profundidad" para representar a conjuntos de personas, batallas
y panoramas. Dos de estas acuarelas, de compleja técnica
aprendida en Inglaterra por el autor, se pueden examinar en el
Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia
de Perú, en Lima. Las dos tienen por tema la deserción
del Batallón Numancia de las filas realistas españolas
a las filas patriotas, en 1820. En la oportunidad, el batallón
recibió y juró la bandera del Ejército Libertador
de manos del general José de San Martín.
En base a relatos testimoniales y conversaciones con los protagonistas
de la escena, O'Higgins registró los frutos de su ardorosa
labor personal en pro del envío de la Escuadra Libertadora
a Perú.
"En ambas acuarelas -escribe Alejandro Witker-, la bandera
representada por O'Higgins es la chilena, con la peculiaridad
de que en el campo azul hay tres estrellas"... (¿Chile,
Argentina, Perú? -se pregunta el autor de este artículo).
.. "Y es éste el único registro de una bandera
con dichas características durante la emancipación
peruana".
La Nación, 4-V-2007
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| MANUEL RODRÍGUEZ,
EL OPOSITOR ENFERMIZO EN TV |
Por Camilo Taufic
NO SÓLO CONTRA O'HIGGINS y la Logia
Lautarina se rebeló el alma permanentemente inquieta, inestable
y bullente de Manuel Rodríguez, que en algún momento
llegó a proclamar (como se vio en la tele, en una de las
pocas coincidencias con la historia) que, si le tocara ser gobernante,
él mismo se encargaría de encabezar la oposición
contra sí mismo, en lo que parece ser una constante del
comportamiento político chileno: si no, vean lo que sucede
entre los partidos de la Concertación.
Rodríguez se rebeló también contra los Carrera.
Había empezado su vida política en mayo de 1811,
cuando fue nombrado procurador de la ciudad de Santiago, como
un patriota moderado, que se “aceleró” pocos
meses después, tras el arribo a Valparaíso desde
Estados Unidos de su amigo de infancia José Miguel Carrera.
Designado a dedo diputado por Talca en septiembre de 1811, Rodríguez
lo fue a continuación por Santiago, el 15 de noviembre
del mismo año. Al día siguiente, tras asumir el
mando José Miguel Carrera, éste lo nombró
secretario de Guerra. (¡Esos sí que eran pitutos!).
El 2 de diciembre de 1811 se incorporó al Ejército
con el grado de capitán, nombrado paralelamente como secretario
personal por el propio Carrera.
Duró sólo un año (1812) la normalidad
de comportamiento de Manuel Rodríguez. A comienzos de
1813 empezó a enfriarse la cercanía y la amistad
con los Carrera, por la conducta errática del íntimo
“secretario personal”, que se transformó
de golpe en crítico de los rumbos gubernamentales, junto
con sus hermanos Carlos y Ambrosio Rodríguez (este último,
también capitán de la Gran Guardia). Otros descontentos
se les sumaron pronto. Cuando ya los complotadores habían
empezado a trazar planes para proceder al “desalojo del
Gobierno” -¡vaya coincidencia!-, fueron sorprendidos,
y Manuel Rodríguez y sus hermanos arrestados, llevados
a prisión y enjuiciados por conspirar contra los Carrera.
Manuel Rodríguez se defendió personalmente de
las acusaciones en su contra y trató en vano de inclinar
al tribunal a su favor, pero fue condenado a un año de
destierro en las islas Juan Fernández. A diferencia de
lo que sucedería en 1818, al menos tuvo entonces un juicio
público, y hasta pudo apelar... Recurriendo a un truco.
El 19 de marzo de 1813 presentó un documento, haciendo
ver la imposibilidad de cumplir la condena, “a causa de
un doloroso absceso”, y el castigo fue anulado finalmente,
entre gallos y medianoche, como se acostumbraba en aquellos
lejanos tiempos.
En 1814, los viejos amigos José Miguel Carrera Verdugo
y Manuel Rodríguez Erdoiza se reconciliaron, luego que
la Junta de Gobierno fuera reemplazada por el coronel De la
Lastra, y Carrera nombrado comandante en jefe del Ejército,
para defender al país de la invasión de las tropas
realistas que -procedentes de Lima- habían desembarcado
en Concepción, al mando del brigadier Antonio Pareja,
y marchaban hacia Santiago.
Manuel Rodríguez se quedó en la capital y comenzó
a atacar al Gobierno chileno, según su profesión
de fe, desde el periódico “El Monitor Araucano”.
Carrera, entretanto, fracasó en sus batallas en el sur,
especialmente en la de El Roble donde, derrotado, se tuvo que
arrojar a las aguas del río Itata, para huir nadando
y salvar así su aristocrático pellejo. Comandante
en jefe fue nombrado Bernardo O’Higgins, héroe
de ese combate, donde pronunció para el bronce la frase
“O vivir con honor, o morir con gloria”… detalle
que por supuesto nunca ha mencionado el canal de televisión
carrerino que produce los “culebrones” seudo históricos
al respecto.
Luego de ser depuestos del mando, José Miguel y José
Luis Carrera regresaban ocultos hacia Santiago, cuando fueron
hechos prisioneros por los realistas, que los encarcelaron en
Chillán. Desde allí lograron huir, con la complicidad
de sus captores, porque éstos sabían de la desunión
que provocarían ambos hermanos entre los patriotas al
arribar a la capital. Manuel Rodríguez y sus hombres
los acogieron y ocultaron en la hacienda Lo Espejo, donde montaron
rápidamente otra conspiración, y volvieron a apoderarse
del Gobierno.
José Miguel Carrera organizó una nueva Junta,
encabezada por él mismo. Rodríguez fue nombrado
otra vez Secretario, y no pudo volver a conspirar contra su
jefe y amigo -al menos ese 1814-, porque en octubre sobrevino
el desastre de Rancagua. Huyó a Mendoza, fue reclutado
por San Martín para regresar clandestinamente a Chile,
y empezó la etapa más dramática de su vida,
en que se mezcla realidad y fantasía al tratar de reconstruirla.
Nadie puede poner en duda que, entonces, su acción patriótica
fue eficaz. Pero esa es otra historia.
— PUBLICADO EN
www.lanacion.cl 24/07/2007 —
© Copyright Camilo Taufic, 2007
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El general San Martín, ¿un mestizo?
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La discusión está planteada en
la Argentina, tras la aparición de documentos sobre el
verdadero origen de su prócer nacional, que lo hace más
próximo a Bernardo O’Higgins.
UN DEBATE SEMEJANTE al desarrollado en Chile después de
la serie de televisión “Héroes” tiene
lugar en Argentina, desde que el historiador Hugo Chumbita y el
escritor José Ignacio García Hamilton entregaron
pruebas concluyentes de que el general José de San Martín
“libertador de Argentina, Chile y Perú”, no
era el hijo de quienes figuraban como sus padres legítimos.
Había nacido sí en Yapeyú en 1778, pero del
capitán de fragata y general español Diego de Alvear,
y una india guaraní, llamada Rosa Guarú.
El niño mestizo —según los revisionistas—
fue entregado para su crianza al matrimonio formado por el soldado
de frontera Juan de San Martín y Gregoria Matorras, ambos
originarios de Castilla la Vieja, y ya mayores para los cánones
de la época; tenían más de 40 años.
Juan de San Martín estaba destinado al límite noreste
de la actual Argentina, en el territorio de Misiones, cerca de
la frontera con Paraguay, Uruguay y Brasil.
El matrimonio San Martín—Matorras se trasladó
a Buenos Aires y luego a Madrid, en 1783, cuando el futuro libertador
era un niño que se aproximaba a los cinco años.
Finalmente se establecieron en Málaga. La familia legal
del general San Martín nunca regresaría a América,
y él lo haría recién a los 34 años,
a mediados de 1812.
En Málaga, inscrito como José Francisco de San Martín
y Matorras, que fue siempre su nombre legal (no como O’Higgins,
que debió usar el apellido Riquelme hasta la muerte de
su padre), el líder independentista argentino inició
sus estudios primarios. A los 11 años se incorpora al Ejército
español como cadete, donde hizo una carrera militar precoz,
ascendido a teniente coronel y condecorado con medalla de oro
a los 30 años, por su heroica actuación en la batalla
de Bailén, en que fueron vencidas las tropas de Napoleón
el 19 de julio de 1808. Se debe a San Martín la inscripción
grabada en bronce en el Templo Votivo de Maipú, que dice:
«A los vencedores de los vencedores de Bailén»,
en que el Libertador rinde homenaje tanto a los combatientes criollos
como a sus ex compañeros de armas, derrotados por sus tropas
en tierras chilenas.
Muchos aspectos del origen de José de San Martín
siguen siendo un enigma para los historiadores. Su fe de bautismo
nunca fue encontrada; la fecha de nacimiento es discrepante incluso
en los escritos del prócer, que da tres datos distintos.
Sus estudios en España también están rodeados
de ambigüedad.
Pero lo que desestabilizó toda la estantería fue
el hallazgo de lo que ahora se ha llamado “El libro de Joaquina”.
Un volumen de memorias con cartas originales, dibujos y apuntes,
escrito en el siglo XIX por María Joaquina de Alvear y
Sáenz de Quintanilla (1823-1889), hija del caudillo independentista
argentino Carlos de Alvear, cofundador de la Logia Lautarina en
Buenos Aires junto con San Martín, y en definitiva medio-hermano
del mestizo general... Esto, de confirmarse su afirmación
de que fue el abuelo de ella, Diego de Alvear, el capitán
de fragata, el verdadero padre de don José de San Martín.
En la prensa de Buenos Aires se han publicado varios ataques a
“El libro de Joaquina”, aludiendo a presuntos síntomas
de locura en la autora, y defendiendo “la impecable ascendencia
europea” del general San Martín, en la cual también
creía ciegamente el historiador chileno Francisco Antonio
Encina.
Pero San Martín fue calificado de “mestizo y plebeyo”
en cuanto regresó a la Argentina en 1812, y tuvo tantos
conflictos con la aristocracia local como O’Higgins en Chile.
No tenía fortuna ni alcurnia. Era moreno, de pelo lacio
y renegrido, con una gran nariz, larga por el lado europeo, pero
también ancha, típica de las etnias de la cuenca
interior del Río de la Plata y sus afluentes. Ya corrían
rumores sobre su condición de mestizo. Le decían
a sus espaldas “El Cholo” o “El Tape”,
y la madre de la que sería su esposa, Remedios de Escalada,
se opuso a que casaran a su hija —por influencias de la
Logia Lautarina y de los Alvear— con ese oscuro recién
llegado. Ante sus íntimos, la suegra de San Martín
lo llamaba “El soldadote” o “El plebeyo”.
Nada era suficiente para las oligarquías latinoamericanas
de la Independencia: hasta a Simón Bolívar se le
echaba en cara su color moreno, y en la encopetada sociedad bogotana
llegaron a llamarlo “El longaniza”, en tiempos de
la Gran Colombia; en tanto en Santiago, O’Higgins era simplemente
“El guacho Riquelme” para las familias tradicionales.
No deja de ser jocoso al respecto, que la llamada “aristocracia
castellano vasca” de Chile se opusiera durante todo el siglo
XIX a que se levantara una estatua de O’Higgins en Santiago,
por la “ilegitimidad” de su origen (y su política
anti-oligárquica, en realidad), mientras erigía
con entusiasmo un monumento ecuestre a San Martín, en la
Alameda, en 1863, cincuenta años antes del consagrado a
“Riquelme”. La auténtica historia iguala hoy
a ambos próceres.
Camilo Taufic
(Publicado en La Nación, Santiago de Chile, 14 / 08 / 2007)
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MANUEL RIQUELME VARGAS, UN PARIENTE DESCONOCIDO
DE O”HIGGINs
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Marcial Pedrero Leal
Investigador. Instituto O’Higginiano
de Chillán Viejo
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Mucho se ha escrito sobre
la vida del prócer Bernardo O”Higgins ,es obvio que
ello ocurra porque este chillanense tuvo una ingerencia en los
destinos de Chile durante los dos primeras décadas del
siglo XIX .
Para mí fue de gran sorpresa cuando hace varios años,
en un viaje de estudio con alumnos del liceo San Gregorio a Constitución,
al visitar la antigua iglesia de Nirivilo, un pequeño pueblo
cerca de aquella ciudad, observé en su interior ,las lápidas
de tumbas de parientes de Bernardo O”Higgins, su tía
bisabuela María del Carmen Mesa de la Barrera viuda de
Riquelme nacida en aquel pueblo el 1821 y fallecida en 1893.
Se desconoce mucho sobre sus raíces genealógicas
maternas. Historiadores de la talla de Fernando Campos Harriet
,Valencia Avaria, Gustavo Opazo y publicaciones como la Revista
de Estudios Históricos se han interesado por ellas
La raiz de la familia Riquelme de la Barrera se remonta al siglo
XVI, originada por la llegada de don Francisco Riquelme de la
Barrera el año 1570 y tangencialmente se entronca con las
familias Goicoechea y Lagos, ésta última, una de
las fundadoras de Chillán .Este español estuvo casado
con doña Leonor, quien, junto a su hermana, la heroína
Ana María de Toledo y Mejía defendió la villa
de San Bartolomé junto a sus esposos rindiendo su vida
frente a un ataque indígena a la ciudad de Chillán
en 1599.
Uno de los hijos de don Francisco y Leonor, Alonso se desempeñó
como alcalde de Chillán , un hijo de éste, Diego,
nacido en 1690 en Chillán, fue maestre de Campo, regidor
y más tarde alcalde de esta ciudad y adquirió la
hacienda de Palpal, cerca de Pemuco. Se casó con Juana
Luisa Goicoechea del Pino de quienes nacieron 13 hijos incluyendo
a Simón Riquelme de la Barrera Goycochea ,abuelo de Bernardo
O”Higgins .Don Simón nació en 1729 y también
desempeñó el cargo de alcalde de su ciudad natal,
contrajo matrimonio con doña María Mercedes de Mesa
y Ulloa, con quien tuvo solo dos hijas, Lucía y María
Isabel, por quien su madre falleció en el parto. Don Simón,
tenía 49 años de edad cuando nació su nieto
Bernardo. Era propietario de una enorme casona de Chillán
y por herencia paterna ,de 400 cuadras de la hacienda Palpal,
se mantuvo en calidad de viudo durante 17 años y en 1770
se casó con doña Manuela de Vargas Machuca Bau.
El fruto de esta boda estuvo conformado por Petronila, Antonia,
Manuel , Manuela, Gregorio, Francisco Javier y Simón Segundo.
Manuel Riquelme Vargas,uno de estos medio hermanos de María
Isabel, tuvo una carrera militar con cierto protagonismo en la
historia de Chile, pero de menor notoriedad que su famoso sobrino.
Nació en San Bartolomé de Chillán ,el año
1772. Inició la carrera de las armas a muy corta edad,
participó en la guerra por la Independencia donde ascendió
a sargento mayor.Contrajo matrimonio con doña Carmen del
Río y Mier.
Tuvo destacada participación en la guardia personal de
Honor de O”Higgins ,asistió a las campañas
de Los Angeles y Nacimiento el año 1817. Ese año,
con el grado de capitán ,con fecha 2 de agosto, envía
un informe sobre la realidad de los Angeles al jefe de gobierno,
el Director Supremo, dos años más tarde intervino
en el sitio de Los Angeles, por lo que recibió la Legión
al Mérito, condecoración creada por O”Higgins
.Al parecer, en pocas oportunidades después de la guerra
emancipadora, se encontró con su pariente, el Director
Supremo .
En 1823, participó con las tropas patriotas en la captura
de Valdivia y fue nombrado gobernador y jefe militar de la Guardia
de Honor de aquella ciudad ,ascendió al grado de teniente
coronel .Luego prosiguió su carrera ascendente en la campaña
de Chiloé encabezada por Ramón Freire que incorporó
la isla a la República independiente . El primero de febrero
de 1839 Manuel fue entrevistado por el famoso naturalista e historiador
francés Claudio Gay por su calidad de protagonista y testigo
de los episodios desarrollados durante el período de Independencia
y relata los hechos ocurridos entre 1813 y 1819. Aquella entrevista
publicada en 1965 por Guillermo Feliú Cruz junto a la entrevista
de varios personajes prominentes de la Independencia de Chile
en la obra “Conversaciones históricas de Claudio
Gay” de gran valor testimonial que permanecieron inéditas
durante más de una centuria.
Manuel Riquelme fue designado Gobernador militar y Comandante
de Armas de la plaza de Los Angeles manteniéndose en ese
cargo hasta 1852, año en que fue nombrado Ministro de la
sala marcial de la Corte de Apelaciones de Concepción.
Ese año fue ascendido a coronel, después de lo cual
recibió el grado de General de Brigada.
Este personaje chillanense un tanto anónimo, falleció
el año 1858.
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Marcial Pedrero Leal
Investigador. Instituto O’Higginiano
de Chillán Viejo
Cuando leemos una novela,
comprendemos mejor la trama cuando conocemos los sitios geográficos
descritos, de lo contrario estaremos condicionados a realizar
un ejercicio mental muy saludable, el de la imaginación,
por ésto cuando recurrimos a la historia, lo ideal es conocer
el escenario de los sucesos igual como lo hiciera el viejo Heródoto,
quien, antes de escribir sobre los hechos históricos hacía
lo mismo que, efectuara en Chile en el siglo XIX,Benjamín
Vicuña Mackenna, visitar los lugares donde se habían
desarrollado para darle rigurosidad a su trabajo historiográfico.
Conscientes de este predicamento, un grupo numeroso de entusiastas
ciudadanos, de heterogéneas profesiones y actividades,
incluyendo a siete profesores de historia unidos por el compromiso
con la cultura y, por supuesto con la historia de Chile, nos concentramos
el día sábado 14 de octubre recién pasado
en el fundo El Roble de propiedad del connotado ex –parlamentario
don Hugo Alamos con el fin de afianzar la creación del
Instituto O”Higginiano de Chillán Viejo rindiendo
un sentido homenaje a unos de los episodios notables de la guerra
de la Independencia, la Sorpresa de El Roble y a uno de sus protagonistas,
Bernardo O”Higgins, quien, en oportuna reacción trocó
la sorpresa nocturna realista en victoria .
La naciente filial chillanvejana de aquel connotado Instituto
creado en 1953, en su primera reunión (19 de agosto pasado),decidió
realizar sus próximos encuentros en lugares donde participó
el prócer para dar mayor realce al encuentro cultural y
proyectarlo hacia toda la comunidad. En este segundo encuentro
, fue muy interesante presenciar el entorno de la propiedad señalada,
con su alameda imponente que nos conduce hacia la casa habitación
de don Hugo Alamos y ,por supuesto, nos recibe una impresionante
escultura del antiguo dueño de casa, su antepasado, don
Clemente Lantaño, (amigo de O”Higgins, aunque abrazaba
el ideal realista) , obra imponente del joven artista Américo
Becerra , a continuación se nos presenta el amplio parque
donde se enseñorean araucarias y palmas enormes recordándonos
su longevidad. En uno de los extremos de aquel ambiente vegetal,
donde corren libres decenas de ciervos, entremezclándose
con los pavos reales, se encuentra el testigo de la batalla que
le da su nombre, un enorme roble con data de tres siglos, en cuyos
alrededores circularon las tropas independentistas y las realistas
en la primera campaña de la Patria Vieja.
Después de la excelente hospitalidad de los anfitriones,
el Sr. Alamos y su esposa, la señora Isidora Valverde,
en su casa rodeados de objetos dignos de un museo, incluyendo
una enorme mesa de noble madera, una verdadera reliquia, pues,
perteneció al presidente de la República Pedro Montt
, después de las palabras del forjador de este grupo, Alejandro
Witker, nuestro amigo el profesor Lionel Yañez destacó
la efeméride trascendental que nos convocaba y que le costó
a José Miguel Carrera, la comandancia del ejército
emancipador. A continuación, participó Juan Pablo
Garrido, quien dio a conocer un proyecto teatral, además
, el pintor y académico Luis Guzmán se comprometió
a emplear sus pinceles para enaltecer la figura del prócer.
Finalmente concurrimos a la ribera norte del río Itata,
a un interesante sector rocoso circundado por vegetación
nativa y ubicado a unas tres cuadras al oeste del puente carretero
que une Bulnes con Quillón. Escuchamos las indicaciones
del coronel de Ejército Patricio Tejos, un conocedor de
los hechos de armas locales, quien hizo una breve reseña
sobre la batalla y señaló el sitio exacto donde
estaba el campamento patriota y el lugar por donde se arrojó
al río José Miguel Carrera después de ser
rodeado por las fuerzas realistas. El Roble, un acontecimiento
digno de destacarse ,que consagró al prócer chillanense
en la vida militar en pro de la emancipación nacional y
abrió el camino hacia la vida republicana.
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UNA REMEMORANZA EN LAS CANTERAS
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Marcial Pedrero Leal
Investigador. Instituto O’Higginiano
de Chillán Viejo
Continuando con una secuencia
de visitas emblemáticas, del recién creado Instituto
O”Higginiano de Chillán Viejo ,un número de
veinte de sus miembros, concurrimos el día sábado
2 de diciembre hasta el sector de Las Canteras, la tierra de los
castaños, localidad perteneciente a la comuna de Quilleco
y que tiene gran connotación para quienes admiramos la
obra del prócer Bernardo O”Higgins, pues allí
él se acercó a la tierra y aprendió lo que
es vivir en el campo compartiendo con sus inquilinos y con la
naturaleza.Fuimos muy bien acogidos por el director Sr. Eduardo
Vielma y algunos profesores y funcionarios del moderno liceo Isabel
Riquelme local , nos encontramos con miembros del Instituto homólogo
de Los Angeles y Concepción y con el Centro cultural de
las Canteras.
Fue una jornada muy productiva, donde cada entidad tuvo la participación
en un panel a través de algunos de sus representantes ,actuando
como moderador el profesor Javier Quilodrán . Allí
se conversó sobre el contexto histórico del tema
central que motivó nuestra visita y nos informamos acerca
de los planes y gestiones de los Angelinos y Canteranos de reconstruir
la casa donde habitó el egregio chillanense junto a su
madre y hermana, de acuerdo a la tipología de la época,
con corredores hacia el norte y el oeste, transformándola
en museo considerando a futuro una plus valía del sector
proyectándolo dentro de un circuito turístico que
abarcaría desde Chillán Viejo y por todos los sitios
que estuvieron relacionados con el prócer e incluyendo
los fuertes españoles del entorno. Cabe destacar la pasión
puesta por el profesor Pedro Sánchez en su exposición
plena de identidad local. También participaron en la mesa
redonda ,Alejandro Witker y el autor de esta crónica, quien
esbozó el contexto histórico del encuentro.
Terminado el encuentro que incorporó un pequeño
acto artístico que fue muy bien conducido por un alumno
del liceo anfitrión vestido de huaso, el director del liceo
nos guió hacia la capilla de madera del lugar construida
a mediados del siglo XX para mostrarnos una reliquia desconocida
del prócer, ubicada en la parte alta del altar, la imagen
de la virgen del Carmen adquirida por el joven Bernardo en España
pese a sus dificultades económicas, con el fin de traerla
de regalo para su madre y que se escapó del saqueo realista
de las Canteras en 1813. A continuación contemplamos el
antiquísimo castaño plantado por O”Higgins
y que demuestra los embates del tiempo, igual que un anciano que
se mantiene en pie sostenido por soportes de madera.
Allí, en uno de los potreros bautizados por el prócer
como el Avellano y previendo los futuros acontecimientos bélicos,
alistó a sus inquilinos y a vecinos en el regimiento de
caballería, Nª 2 de La Laja logrando de la junta de
gobierno a fines de 1810, el grado de Teniente Coronel.,pero le
faltaba la preparación militar, comisión que encargó
a su amigo, el irlandés Juan Mackenna.
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O'HIGGINS
Y PERSONAJES QUE LO CONOCIERON |
Marcial Pedrero Leal
Investigador. Instituto O’Higginiano
de Chillán Viejo
Mucho se ha escrito sobre la figura del
prócer chillanense, Bernardo O”Higgins. Durante
mucho tiempo se exaltó su papel como militar, pero ya
es tiempo de cambiar aquella visión. Presentarlo como
un ciudadano, como un civil, en su trato con los sirvientes
y cuyo gobierno, priorizó la cultura. Muchos protagonistas
de la historia lo conocieron y algunos de ellos dejaron el testimonio
escrito sobre su presencia. En primer lugar, una amiga de la
familia Riquelme, doña Juana Olate, en cuya casa permaneció
algún tiempo siendo muy pequeño, el teniente de
caballería Domingo Tirapegui, que lo llevó a caballo
hasta Talca, don Juan Albano Pereira y esposa, el hijo de ambos,
Casimiro ,su compañero de juegos infantiles, más
tarde, su primer biógrafo; el padre Pedro Pablo de la
Carrera, que lo bautizó a los cinco años de edad
en Talca; En Chillán, sus educadores, los padres franciscanos,
Francisco Javier Ramírez y Gil Calvo. Otros ,escribieron
sobre su persona como don Nicolás de la Cruz, el conde
de Maule, un rico comerciante chileno radicado en Cádiz
a quien, su amigo, el virrey del Perú, Ambrosio O”Higgins,
le encomendó la misión de ser apoderado de su
hijo Bernardo. Cumpliendo su función le escribe a aquel
alto magistrado, una carta fechada el 30 de enero de 1795 donde
le comunica su decisión de enviarlo …”a Londres
a un Colegio de Católicos, donde se enseñan las
lenguas, las ciencias, y escribir, contar y llevar libros de
comercio, para que se perfeccione en latín, aprenda el
inglés…”.Después de lograr aquellos
aprendizajes, lo envía a Richmond, cerca de aquella ciudad
y encomendó la administración de los recursos
económicos para sus gastos y mantención, a dos
comerciantes de origen judío, Emmanuel Perkins y Samuel
Spencer, de quienes, Bernardo Riquelme debió tratar muchas
veces siendo adolescente.
En marzo, agrega:”Ya tengo hablado el barco para que se
traslade a Londres nuestro don Bernardo Riquelme y es la fragata
nombrada ”La Reina”, una de las mejores, que saldrá
dentro de 20 días, parece que en convoy. Será
el primer chillanejo y aún chileno que ha ido a estudiar
a Londres…”El mismo personaje en otra carta relata
que Bernardo insiste en solicitar dinero y que está disconforme
con su apoderado por el exiguo dinero que recibe de él,
aunque y agrega criticándolo…”El finge mil
embustes para engañarme, de verse puesto ante la justicia
por deudas y otras mil boberías que le rechazo desde
aquí con la mayor severidad…” Siendo Director
Supremo ,el año 1822, la viajera británica María
Graham., lo conoció en el palacio de gobierno y en su
famosa obra “Diario de mi Residencia en Chile”,
lo retrata como un hombre modesto, llano, de modales sencillos
y amable, …”vestía como de costumbre, su
uniforme de general ; es bajo y grueso, pero muy activo y ágil
;tiene ojos azules, cabellos rubios , tez encendida, y sus facciones
algo toscas no desmienten el origen irlandés”,
agrega que a las niñas mapuches que eran criadas por
su madre y hermanas “les dirigió la palabra en
araucano para que yo oyese hablar en este idioma, que me pareció
armonioso y agradable”
El general José María de la Cruz, un subordinado
suyo, lo retrata en carta enviada a Miguel Luis Amunátegui
en 1853, especifica que “en su trato de familia o doméstico
era inalterable. Jamás le vi ni aún hablar con
mal ceño a sus sirvientes, y a algunos los trataba como
si hubieran sido relacionados con su familia”.
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