crónicas
OHIGGINS EN LA CULTURA CHILENA

Señores Oficiales de las Fuerzas Armadas
Colegas del mundo académico
Invitados especiales

Es muy estimulante para un historiador de provincia ser invitado a participar a un evento académico en la capital, donde, muy excepcionalmente, se considera que tenemos algo que aportar para un debate.
Que Santiago es Chile no cabe la menor discusión, desde el centro se decide todo lo esencial para la vida nacional, incluso, desde aquí salen a las regiones políticos interesados para representarnos en el Congreso Nacional. Los premios Altazor son una fiesta de las artes santiaguinas en la que muy rara vez se consideran nombres provincianos
En nuestra literatura hay una perla de colección que me gusta citar, una y otra vez, porque ilustra magníficamente el punto crítico de las relaciones del Gran Centro y su periferia. En el sabrosísimo libro de Manuel Jesús Ortiz (1870-1945), Cartas de la Aldea, ambientado en San Ignacio, Ñuble, a comienzos del siglo XX, se cuenta una anécdota que ilustra bien sobre la mentalidad santiaguina:
De visita en la región, un jovenzuelo capitalino fue llevado por sus parientes a conocer el río Bío-Bío, río rey, llamado así por Vicuña Mackenna, con la esperanza de impresionarlo con la majestad de ese regalo de Dios para nuestros ojos, necesidades y sentimientos. Los parientes del santiaguino se quedaron atónitos cuando el jovenzuelo comentó con displicencia: “está bien para ser un río de provincia…”
En este punto si que es cierto como diría Nicanor Parra, que la izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas.
Desde hace algunos años hemos venido planteando a través de la prensa regional y en diversos foros que la conmemoración del Bicentenario de la República es una oportunidad propicia para recuperar y proyectar los grandes valores nacionales, reflexionar sobre nuestras grandezas y debilidades, elevar la mirada hacia un futuro enriquecido con las luces y sombras de la experiencia histórica acumulada. Hemos insistido que no basta programar grandes obras públicas, que había que apuntar también, y prioritariamente, al enriquecimiento de la vida espiritual de la nación. Apenas es necesario decir, como lo advirtió Gabriela Mistral en la conmemoración del Centenario en 1910, que no se trata de una “pasajera diversión popular que constituyen las fiestas acostumbradas en tales circunstancias, sino un verdadero movimiento de progreso nacional de una utilidad suprema y verdadera” (1)
Se nos viene el Bicentenario encima con abundantes recursos para la promoción de la cultura, pero no se divisan proyectos significativos llamados a trascender en el tiempo. En realidad, sólo el gran proyecto editorial propuesto por la DIBAM a la Cámara Chilena de la Construcción, que le brindó acogida, permitirá reeditar 100 obras clásicas de la cultura chilena que han sido cimiento del progreso nacional.
Digno del mayor encomio es la decisión del gobierno chileno de acoger la propuesta del Embajador de Chile en el Perú Cristian Barros para reconstruir y poner en valor cultural la casa en que O’Higgins vivió en Lima que ha sido refaccionada y se prepara para abrir sus puertas con un museo y actividades culturales destinadas a relevar la vida y obra de quien fuera, por los avatares de la historia, también un gran forjador de la Independencia del Perú.
Los recientes sismos que afectaron al país hermano causaron graves daños a la casona de la Hacienda de Montalbán con que el gobierno peruano brindó a O’Higgins compensación por sus múltiples sacrificios, incluida su ruina económica personal. Desde Chillán Viejo el alcalde Julio San Martín, en compañía del presidente del Instituto O’Higginiano de Chile Pedro Aguirre Charlín y del profesor que les habla, solicitó entrevista con la Ministra de Cultura Paulina Urrutia para expresarle nuestra preocupación por la suerte de de este recinto tan caro a la memoria de O’Higgins. No tenemos respuesta a estas preocupaciones pero confiamos que las habrá. Por fortuna la prensa ha informado que personeros peruanos y chilenos están preocupados para que Montalbán se identifique como un símbolo de la admiración compartida de peruanos y chilenos por este gran patriota americano.
El embajador de Perú en Chile señor Hugo Otero nos ha informado que espera pronto instalar en el frontis de esa sede diplomática un busto de quien recibiera un título que merece ser recordado con mayúscula: Gran Mariscal del Perú.
En compañía de mi estimado amigo Luis Valentín Ferrada, hemos visitado al embajador Otero y hemos convenido llevar adelante un proyecto que recupere en un libro y en un video la profunda relación histórica de O’Higgins con el Perú, tarea en la que estamos hilvanando los primeros tramos y que confiamos arribará a buenos resultados.
Nos ha llamado la atención que en la perspectiva del Bicentenario no se haya pensado en situar al fundador de la República, Bernardo O’Higgins Riquelme, en el lugar que corresponde y que, por el contrario, la irresistible tentación de la farándula televisiva se haya permitido maltratar su memoria con obras surgidas de guionistas de teleseries y que, han logrado recomendación oficial como apoyo a la docencia. Los resultados se conocen: una curiosa votación de estudiantes ignaros y de profesores poco leídos han dejado al prócer fuera del ranking de los 10 mayores chilenos. Su compañía en la exclusión junto a Andrés Bello, Claudio Arrau, Manuel Bulnes, Arturo Merino Benítez, Marta Colvin, sólo confirma la crisis educacional que preocupa a quienes sienten a Chile como misión y tarea.
Desde la comuna donde el prócer nació, con el auspicio de una municipalidad empeñada en ser digna de su cuna y de la Universidad del Bío-Bío que ha dado el aporte académico, ha surgido el proyecto ExpO’Higgins Bicentenario.
Se trata de una muestra de la presencia del prócer en la cultura nacional: historiografía, literatura, teatro, música, folclore, pintura, escultura, filatelia, numismática y puntos geográficos, que en 52 paneles, agrupados en 9 módulos, aspira en convertirse en un centro motivador de actividades culturales diversas: conferencias, mesas redondas, seminarios, recitales, conciertos, presentaciones teatrales, ediciones de libros, folletos y videos, concursos escolares. Nuestro propósito es crear en diversos puntos un clima propicio para interesar al sistema escolar, actores culturales y medios informativos en la vida y obra de O’Higgins. La ExpO’Higgins Bicentenario ha sido reproducida en 200 versiones que serán destinadas a centros culturales bien escogidos donde esperamos encontrar una buena audiencia.
¿Por qué decidimos recuperar la figura de O’Higgins en la cultura nacional?
Para la inmensa mayoría de los chilenos, con mayor o menor fundamento, se le reconoce como el “insigne soldado”, pero se sabe poco o nada de su formación cultural, de su obra cultural como gobernante y de su impacto en la vida cultural de la nación.
En estricto rigor nuestro prócer fue un estadista cuya visión superó lejos a la de los actores de su tiempo. En la Convención Preparatoria de 1822, dijo:
“El actual estado de la civilización y de las luces nos descubre bien la necesidad de adelantar, o por mejor decir, plantear de un modo efectivo y suficiente, la educación e ilustración. Necesitamos formar hombres de Estado, legisladores, economistas, jueces, negociadores, ingenieros, arquitectos, marinos, constructores, hidráulicos, maquinistas, químicos, mineros, artistas, agricultores, comerciantes. Las luces, las riquezas y el poder anduvieron siempre reunidos en las naciones; sin estos elementos, que las unen, nacen de las otras, Chile no será nación, ni logrará el fruto de sus sacrificios”. (2)
La riqueza de este planteamiento es sorprendentemente actual: la riqueza material y la riqueza cultural son el fundamento de la fortaleza del Estado y la Nación.
O’Higgins tenía claro que había que formar a los constructores de la República en los conocimientos modernos y que entre esos constructores se necesitaban no sólo productores de bienes materiales, también de bienes espirituales que surgen de la imaginación de los artistas.
En esa línea promovió la educación pública, el teatro, la música, la ciencia y tecnología, la salud pública, la imprenta y la valoración de los méritos por sobre la herencia.
Sus estudios en Lima, pero sobre todo en Richmond, le permitieron un desarrollo intelectual muy superior al elenco dirigente de la sociedad chilena, su dominio de lenguas europeas, el cultivo de la música y de la pintura, le dieron una sensibilidad que no encontramos en ninguno de los grandes próceres de la emancipación americana.
Estos atributos de su personalidad y sus obras como gobernante han sido destacados por grandes historiadores nacionales: Diego Barros Arana, Benjamín Vicuña Mackenna, Miguel Luis Amunátegui, Jaime Eyzaguirre, Eugenio Orrego Vicuña, Fernando Campos Harriet, Luis Valencia Avaria, Julio Heise González, Guillermo Feliú Cruz, Sergio Fernández Larraín y Ricardo Donoso.
Ricardo Donoso ha dicho “con notoria injusticia se ha dicho que el gobierno de don Bernardo O’Higgins fue estéril para el desarrollo de nuestra organización social y política. Juzgados desde este ángulo sus esfuerzos por modificar la estructura que nos legó el régimen colonial, importaría el más imperdonable error dejar de proclamarlo como el más decidido de los reformadores, resuelto a implantar en Chile un régimen de tolerancia y de justicia social, que abriera el cauce a un sistema de verdadera raigambre democrática”. (3)
Historiadores extranjeros como Simón Collier, Carlos Galván Moreno y Antonio Cacua Prada han destacado su obra. En ese mismo rumbo, investigadores mas recientes como Roberto Arancibia Clavel, Renato Valenzuela Ugarte y Jorge Ibáñez Vergara, han enriquecido su biografía. Un reformador progresista que debió remover los obstáculos del atraso y la pobreza y que, como todo gobernante cometió errores, pero cuya evaluación global muestra al fundador de un proceso en transición de la Colonia a la República. Desde luego que no han faltado detractores entre los cuales se ha criticado su autoritarismo, incluso se ha señalado que no representó a cabalidad la voluntad democrática de un pueblo cuyo analfabetismo y atraso cívico hacían impensable una “participación democrática” como se demanda en nuestros días.
La revisión de esta bibliografía y la valoración de lo esencial de su obra, contrasta con el desconocimiento que el chileno medio tiene incorporado a su acervo cultural. Tal vez la densidad de las obras y la escasa preocupación didáctica del sistema escolar sea responsable de este contraste. Como una contribución a superar este desfase entre la historiografía mayor y el conocimiento promedio nos hemos propuesto explorar caminos motivadores como el que estamos ofreciendo en la perspectiva del Bicentenario de la República.
En la literatura chilena O’Higgins ha sido inspiración de nuestras figuras mayores: Gabriela Mistral y Pablo Neruda. Gabriela lo llamó “el primero de nosotros” y Pablo “padre del pueblo”. Escritores como Ángel Cruchaga Santa María, Roberto Meza Fuentes, Nicanor Parra, Oscar Castro, Sara Vial, Oscar Martínez Bilbao, Fernando Santiván, Juanita Gallardo, Fidel Sepúlveda Llanos y Juan Gabriel Araya han escrito poemas y novelas de calidad.
En el teatro sobresale la obra de Fernando Debesa, Víctor Domingo Silva, Alberto del Solar, Eugenio Orrego Vicuña, Daniel Barros Grez y mas recientemente de Enrique Gajardo Velásquez, Juan Pablo Garrido y Juan Bravo Cárdenas.
En la música se registran varias obras pero, sin duda, ha sido la asociación de Pablo Neruda y Vicente Bianchi la que ha marcado la mayor popularidad. Julio Barrenechea y el mismo Vicente Bianchi son autores de una obra que hemos rescatado del olvido y que ha sido estrenada por la Banda Instrumental del Regimiento de Infantería Nº 9 de Chillán.
En la pintura están las obras clásicas de José Gil de Castro, Thomás Somerscales, Pedro Subercaseaux Errázuriz, Pedro Abelardo Reszka, Julio Vila y Prades, Narciso Desmadryl, Walterio Millar Castillo, Manuel A. Tapia Portus, Manuel Antonio Caro, Raymond Monvoisin, Juan Mauricio Rugendas, Otto Grashoff, Cosme San Martín, José Tomás Vandorse, Jiuleo Nanneti, Álvaro Casanova Zenteno, Alberto Sepúlveda Rivero, Miguel Venegas Cifuentes, Ronald Röber Penroz, joven pintor chillanejo autor del retrato de O’Higgins que preside el Salón Municipal de Chillán Viejo y del óleo O’Higgins en el piano con el que se busca destacar este aspecto desconocido del Libertador.
La escultura, que ha sido la base de los monumentos y monolitos es un capítulo extraordinariamente interesante que merecería una investigación a fondo. Hemos comprobado que de importantes monumentos no se registran autores ni circunstancias en que fueron levantados, especialmente los situados en el extranjero. Otros como los de La Alameda, Plaza de Armas de Chillán y de una Plaza en Valparaíso, tienen historias ricas y sorprendentes. Especial mención merecen el monumento de la Victoria de Chacabuco de Héctor Román Latorre y el Mural de Piedra de María Martner en Chillán Viejo.
Con los monumentos de O’Higgins, como ocurre con numerosos otros a lo largo del territorio nacional, con la excepción del Monumento a los Héroes de Iquique en Valparaíso debidamente protegido, se encuentran descuidados de atención elemental y suelen ser dejados presentables en vísperas de eventos patrióticos en su entorno. No hay disposiciones legales que penalicen el maltrato de estos monumentos que ofrecen a diario el triste espectáculo de una sociedad que no respeta su memoria.
En la filatelia chilena se registra una fuerte presencia del Libertador, otro tanto ocurre con la numismática y la creación de medallas y símbolos de alta consideración entre los que destaca la Piocha de O’Higgins, ligada a la solemnidad del mando presidencial.
Calles, parques, regiones, barcos, museos, bibliotecas, clubes deportivos, hoteles, universidades, llevan su nombre, lo que expresaría un verdadero culto, siempre y cuando fuese acompañado de las debidas consideraciones. Nunca se reglamentó su utilización.
De estas denominaciones nos parece notable que la Armada de Chile, fundada por el prócer, haya mantenido siempre un barco con su nombre, el que se ha dado recientemente a un moderno submarino y el gobierno haya dado su nombre en la Antártica a Tierra de O’Higgins.
¿Cuántos chilenos conocen la genialidad de O’Higgins de haber vislumbrado que los dominios de Chile llegaban hasta el Polo Sur y que en los mares australes y, particularmente en Magallanes, había una potencialidad inmensa para el desarrollo nacional?
¿Cuántos chilenos tienen conciencia de los esfuerzos que significó formar el Ejército de Los Andes y luego la Expedición Libertadora del Perú?
¿Cuántos chilenos conocen la rica personalidad de un hombre de cultura superior que contrastaba con las escasas luces y horizontes de sus contemporáneos?
Las fuentes que ilustran su grandeza están a la vista de quien quiera conocerlas y sin embargo, impera en la sociedad chilena una suerte de “analfabetismo histórico”, desgraciadamente no sólo sobre O’Higgins.
El sistema educacional y los medios de comunicación tienen una alta responsabilidad, pero también todos los que no hemos sido perseverantes ni eficaces para instalar al Padre de la Patria en la conciencia y el corazón de los chilenos.
La región es testigo de nuestros afanes a través de la itinerancia de la ExpO’Higgins Bicentenario, de la edición del libro O’Higgins: cultura y nación, de conferencias y numerosos artículos en el rumbo señalado para los cuales hemos contado con el apoyo de militares estudiosos del tema, el general (r) Roberto Arancibia Clavel y el contralmirante (r) Renato Valenzuela Ugarte, general (r) Waldo Zauritz, quienes han compartido con nosotros eventos y mensajes muy estimulantes.
“No se canse don Alejandro”, me dice en una carta el general Arancibia al recibir nuestro libro O’Higgins Cultura y Nación. La advertencia no es inútil cuando hemos postulado sin éxito en algunos fondos concursables y en uno se nos brindó una pequeña contribución y hemos tenido que recurrir a la Presidencia de la República donde los presidentes Ricardo Lagos Escobar y Michelle Bachelet han otorgado los recursos que nos han permitido las primeras realizaciones.
No nos cansaremos estimado general, estamos ciertos que la acogida que hoy encontramos en la Academia de Historia Militar y en el Museo Histórico y Militar, es el comienzo de una colaboración que esperamos se proyecte en todo el país. En abril pasado presentamos la ExpO’Higgins Bicentenario en el Regimiento de Infantería de Chillán donde el Coronel Juan Bonhomme nos acogió con afecto y puso esta muestra documental ante los ojos de más de 400 conscriptos que junto a sus familiares pudieron recorrerla durante varios días y aproximarse al Padre de la Patria.
Las Fuerzas Armadas tienen un profundo arraigo en la historia y geografía del país. Conocen y sienten al país entero tal vez como ninguna otra institución de la vida nacional; desde el desierto al polo sur están presentes para proteger las fronteras, pero también para convertirlas en espacios de colaboración con nuestros vecinos convencidas que la mejor carta para la seguridad nacional es la amistad con los pueblos hermanos. El Instituto Geográfico Militar ha levantado la carta más completa sobre el conocimiento de nuestra loca geografía; el Ejército del Trabajo ha iniciado la histórica tarea de construir la carretera austral; sus contingentes militares instruyen cada año a jóvenes chilenos, no sólo en el dominio de las armas, también en el dominio de la vida, enseñando oficios y valores. Por estas razones las Fuerzas Armadas han sido siempre regionalistas, vocación perfectamente compatible con la verticalidad del mando. Ellas viven y sienten la geografía y la historia de Chile entero.
Llegamos hasta este recinto a mostrar nuestros esfuerzos para recuperar y proyectar la figura del Libertador, seguros que habremos de recibir observaciones valiosas para mejorar nuestros afanes, pero que no escucharemos aquí expresiones como éstas: “este O’Higgins de Chillán Viejo no está mal para ser una obra de provincia”.

NOTAS
1. Sobre el Centenario. Ideas de una maestra (1909) en Gabriela Mistral. Pensando a Chile. Una tentativa contra lo imposible. Jaime Quezada (Compilador) Cuadernos del Bicentenario, Presidencia de la República, 2004. p. 311.

2. Sesiones de los cuerpos legislativos de la República de Chile, 1811-1845. VI. p. 228.

3. Ricardo Donoso. Las ideas políticas en Chile. FCE. México, 1946, p. 63.

Intervención en las IV Jornadas de Historia Militar organizada por la Academia de Historia Militar, Santiago, 18 y 19 -VII-2008.

¡El castaño símbolo!

Carlos René Ibacache
Presidente de la Corporación Cultural Ñuble XXI

Fue plantado por el joven Bernardo Q'Higgins, hace 200 años. Lo hizo en los comienzos de 1800, en la hacienda que su padre, don Ambrosio, había dejado como herencia en Las Canteras, localidad ubicada a treinta kilómetros de Los Ángeles y que hoy alberga a más de tres mil habitantes. Su centro cultural, porque lo tiene, está en el Liceo C-80, hermoso edificio que ya se lo quisiera una ciudad grande. Allí lideran el director Eduardo Vielma y el presidente Pedro Sánchez.
El lugar es tremendamente atractivo, especialmente el predio, donde el castaño es testigo y símbolo de una época fabulosa, desde la mirada que nos ofrece el paisaje y desde la visión histórica, que nos invita a reflexionar sobre la vida, pasión y muerte del prócer. Desde el monumento que allí se levanta, pareciera evaluar el paso del tiempo y el valor de su sacrificio.
Inspirado por esa realidad, el profesor y poeta valdiviano Camilo Henríquez González (igual que el cura de "la buena muerte"), escribió en 1978 esta composición, que él tituló "Oda al castaño de Canteras". Así lo hizo:

¡Silencio! "El castaño reposa/ no turbes su calma de abuelo soñoliento/ la siesta del estío es sublime y es larga/. Mirad que ya no puede con sus brazos cansados/. Considerad que tiene herido su costado/. ¡Qué pequeño me siento bajo tu arboladura! ¡Qué respeto me asalta frente a tu majestad!/ La mano del patriota que en Chillán y en Rancagua/ enarbolara en alto el hierro libertario/, cogió tu débil tallo y te amarró a la patria/ dejando de testigo tu presencia sagrada/. Un día morirás, como se apaga un alma/ y tal vez la brisa que mece tu copa/ te escuche susurrar al morir ¡Magallanes!/. Entonces yo quisiera con mis humildes manos/ abrir una gran fosa al medio de la patria/ y allí depositar tu silente esqueleto/ y unir de ahí y por siempre Tierra, Corazón y Árbol."

Hasta ahí estos versos. En efecto, está viejo el castaño. Estamos celebrando también su bicentenario. Las manos de quienes lo cuidan, le han puesto apoyo a los gruesos troncos, que como poderosas ramas, rodean su vegetal estructura. No obstante resiste y su generosa frondosidad así lo demuestra.

Algunas castañas que ha producido últimamente, han sido destinadas a la tierra, para que desde allí surja un nuevo árbol, que los socios del reciente Instituto O'Higginiano, creado por un grupo de angelinos, prometen mantener y cuidar. Y no sólo se ha comprometido a realizar esta entidad de reciente creación en Los Ángeles. En fecha cercana, el 2 de diciembre de 2006 se ha reunido en Las Canteras, con el Instituto O'Higginiano de Chillán Viejo. En la fecha citada ambas entidades se reunieron en Las Canteras, para revisar sus proyectos y echarlos a caminar.
Los presidentes de uno y otro Instituto, Alejandro Mege y Alejandro Witker, con sus respectivas delegaciones, estudiaron, analizaron y expusieron sus planes, dejando de manifiesto, que sus intenciones van mucho más allá de colocar un ramo de flores al pie del monumento del héroe cada 20 de agosto. Los Angelinos pretenden construir una casa y un museo en el predio "El Castaño", cuyo proyecto ya lo tiene listo el arquitecto Osvaldo Cáceres y los chillanvejanos, por su parte, pretenden recorrer los sitios donde O'Higgins dejó su huella. Ya el profesor Alejandro Witker visitó Lima y él y sus consocios, visitaron El Roble, lugar donde el prócer se alzó militarmente como líder en la histórica batalla de su nombre. Las próximas visitas serán Buin, Talca, Rancagua, etc., y lo más inmediato, es un libro, ya en prensa, del profesor Witker, que tendrá resonancia provincial, regional y nacional y por qué no ¿internacional?

Hatuey, nº 19, Chillán XII 2006.


O'HIGGINS: CULTURA PARA UNA NACIÓN

Por Fernando Arriagada Cortés
Secretario General. Instituto O’Higginiano de Chillán Viejo

El pasado 24 de marzo y en el marco de preparación hacia el bicentenario nacional, fue presentado en la sala Schaeffer, el último trabajo historiográfico del investigador local Alejandro Witker Velásquez, relativo al prócer nacional, Bernardo O'Higgins Riquelme, obra que le llevó unos diez años de recopilación de antecedentes escritos y gráficos.
La obra en si está inserta en la serie Grandes de Ñuble, que ya suma cuatro títulos (los anteriores fueron Claudio Arrau, Armando Lira y Tomás Lago)y los cuales se han constituído en valiosos aportes del Taller de Cultura Regional que desarrolla sus quehaceres en nuestra ciudad, bajo el alero del Centro de Extensión de la Universidad del Bío Bío y la Municipalidad de Chillán Viejo. El libro actual, O'Higgins: Cultura y Nación, es una propuesta amplia e integral que nos entrega valiosos aspectos de la vida, obra y trascendencia de nuestro Libertador a través de sus 250 páginas de gran formato. El texto está dividido en dos partes (Aproximaciones y Testimonio) que forman diez capítulos en total, destacando importantes hitos de don Bernardo como: El ejército de los Andes, Vocación Marítima, Exilio y Regreso, como también su presencia nacional a través de investigadores, expresiones artísticas y culturales variadas, etc. La segunda parte se refiere a los testimonios en donde se transcriben poesías alusivas a su quehacer, himnos y canciones, como Gloria a O'Higgins, del poeta Julio Barrenechea con música de Vicente Bianchi, este último de feliz presencia en la ceremonia de Chillán.
Destaca también la transcripción de tres obras de teatro completas, en las cuales está presente el dramaturgo local Juan Pablo Garrido con su premiada obra "carta imaginaria de Bernardo a su padre".
Finaliza el libro de excelente fotografía, diagramación y abundante colorido con un conjunto de documentos como los consejos de Miranda, escritos del libertador y homenajes de los historiadores Barros Arana y Vicuña Mackenna, para cerrar con una cronología y orientaciones bibliográficas, que demuestran parte del acucioso trabajo del doctor Witker.
Valoramos y agradecemos el nuevo e importante aporte al conocimiento y difusión de una figura señera e imprescindible de nuestra historia, como lo es el hijo de doña Isabel Riquelme, el cual llega a nosotros con su oportuno mensaje y testimonio de amor, trabajo y entrega a una causa superior, como fue su desinteresado servicio a Chile. En un tiempo ausente de líderes trascendentes, de falta de perspectiva para observar más allá del día a día, de ausencia de visiones socialmente integradas; O'Higgins nos invita a construir una sociedad más justa y buena, capaz de unirse porque todos sabemos "que una casa dividida contra si mismo no puede resistir, suplico a mis compatriotas de las tres grandes divisiones de mi país, para que cultiven la más estrecha unión y amor fraternal y que adopten todas las medidas más eficaces para promover y establecer una identidad completa en sus intereses" como lo señaló en su testamento. Es una gran tarea a desarrollar. Un trabajo pendiente que debiera motivar a todos los chilenos, superando las injusticias sociales, las discriminaciones y volver a nuestras raíces indígenas e hispanas, para reconocer en ellas nuestra identidad y de esa manera, integrarnos a los múltiples desafíos del bicentenario que tenemos ad portas.Es el sueño de Bolívar, O'Higgins, San Martín y Artigas.

La Discusión

O’HIGGINS: BARBARIE EN LA PLAZA DE ARMAS

Alejandro Witker
Presidente Instituto O’higginiano de Chillán Viejo

Los monumentos se han creado como expresión material y artística de la conciencia histórica de los pueblos.
En Chile esa conciencia se ha manifestado en unos cuantos monumentos de gran jerarquía: O’Higgins en la Alameda de Santiago (1872), los Héroes de Iquique en Valparaíso (1886), Benjamín Vicuña Mackenna en Santiago (1908), El Roto Chileno en la Plaza de Yungay de Santiago (1888), para señalar sólo algunos de los más relevantes.
A este selecto grupo de monumentos pertenecen nuestro O’Higgins instalado en la Plaza de Armas de Chillán (1919); obra del escultor argentino Roberto Negri de cuya biografía nadie se ha interesado hasta la fecha y sobre cuyas huellas estamos explorando en Argentina.
El periodista Rafael Maluenda (1885-1963), nos dejó una estupenda crónica sobre este monumento publicada en Pacífico Magazine (1919), que los guardianes culturales de la ciudad deberían reproducir, enmarcar y situar en las escuelas y lugares públicos para que los escolares, la ciudadanía y las propias autoridades tomen conciencia del valor patrimonial de este monumento y se esmeren en brindarle los cuidados que merece.
La crónica de Maluenda ha sido recuperada y se incluirá junto a una selección de los mejores artículos de prensa publicados sobre O’Higgins en un nuevo libro que esperamos editar el próximo año.
Resulta curioso, para decir lo menos, que una ciudad que alega ser “capital histórica y cultural de Chile”, no se haya preocupado del monumento principal instalado en la capital de Ñuble en el marco del Centenario de la República y que se acuerde de su existencia sólo para ciertas efemérides donde se procede a “bañarlo”, para que esté “presentable” cuando se pronuncien los conocidos discursos que cada año repiten más o menos las mismas letanías porque no se pierde el tiempo en investigar, filón gris y laborioso que no proporciona votos ni aplausos de la galería.
Así el prócer máximo de la República, bajo cuyas sombras se protege la demagogia política, permanece entregado a la barbarie grafitera y a diestros manejadores de patinetas que han convertido su entorno en escenario para piruetas y estropicios.
¿Tienen las autoridades conciencia del valor y significado de las esculturas situadas en torno al monumento y que sufren un permanente maltrato de los bárbaros que se ensañan constantemente contra el monumento?
La Historia, representada por una mujer evocando a Clío, la diosa de la historia en la mitología griega. Costado oeste. La Batalla de El Roble (1813). Costado norte. El pueblo coronando a sus héroes. Costado este. La Batalla de Rancagua (1814). Costado sur.
Le ofrecemos, amable lector unas cuantas vistas de los agravios permanentes que recibe el Libertador en la Plaza de Armas de Chillán, a vista y paciencia de las mismas autoridades que en su memoria organizan desfiles y ponen en sus plantas ofrendas florales.
O’Higgins prohibió los rayados murales dejando la señal de cultura urbana que desgraciadamente se ha perdido porque las autoridades se han desentendido del tema, en las familias y en las escuelas ya no se enseña aquella máxima antigua que decía: “la muralla es el papel del canalla”.
Para que no se diga que sólo somos críticos, sugerimos a las autoridades replicar en la Plaza de Armas de Chillán el modelo protector del gran monumento a los Héroes de Iquique de Valparaíso o, si prefieren ir más cerca, visiten Ninhue para que vean cómo en la flamante plaza en cuyo centro se ha instalado un monumento de Arturo Prat, éste ha sido rodeado de espejos de agua que protegen al prócer del vandalismo y agregan a la ciudad esa belleza tan recurrente en muchas plazas del mundo.

Hatuey, nº 25, Chillán VI 2007.

MÁS RESPETO, POR FAVOR
La Discusión, Editorial.
Es un espectáculo deplorable. Ver el principal monumento al Libertador Bernardo O’Higgins lleno de rayados genera profunda molestia tanto con sus autores, como por las condiciones que hacen posible que atentados de este tipo sean cometidos de manera tan impune
Incluso para los defensores extremos de un tipo de libertad sin amarres de deberes, resultaría complicado decir que este (tipo de graffitis son la expresión de una generación que quiere protestar contra el establishment. Hay que dejar los eufemismos de lado y decir con propiedad que estamos ante actos vandálicos que pueden tener ciertamente vertientes distintas, pero que en definitiva causan un daño a la propiedad pública, a la memoria histórica de los pueblos. .
Nos parece que los jóvenes que deambulan, particularmente cuando ha oscurecido en la Plaza de Armas de Chillán, y que de uno u otro modo recibieron algún grado de aceptación en un comienzo, no supieron aprovechar bien aquella bondad y -patinetas en mano- decidieron ser los amos y señores del lugar, evitando incluso que los ciudadanos accedan con plena libertad. No sabemos si son o no responsables del atentado con pintura spray en el monumento al máximo prócer nacional, como más de alguien sospecha. En caso contrario debieron ser los primeros en denunciar el hecho y no ampararse en el silencio cómplice.
No nos parece adecuado en estos tiempos tener que citar leyes para cada acción que comprometa la normal convivencia social, y tal vez por eso en la práctica no se aplica una legislación vigente que castiga, incluso con pena de cárcel, el daño a un monumento nacional. Pero es aconsejable a lo menos que los responsables del orden y seguridad cautelen con más rigurosidad aquellos lugares que están siendo objeto de ataques como el que hemos visto.
La Municipalidad de Chillán que tiene un equipo de inspectores en las calles, también debiera preocuparse de proteger de mejor manera zonas como la principal plaza de la ciudad.
En poco tiempo el paseo por excelencia de la gente de esta ciudad y más allá se ha tornado, y especialmente en las noches, en un punto de encuentro de grupos que tienen más característica de pandillas que de "clubes juveniles". Incluso se observa prostitución en horas más elevadas, lo cual hasta hace un tiempo no era común.
En la medida que se va haciendo vista gorda a situaciones de este tipo, se van tornando habituales y en aumento, y no es lo que la ciudadanía demanda.
Volviendo al tema inicial de este comentario, no conseguimos encontrar argumento que justifique la acción de grafiteros contra monumentos de nuestros próceres, así como contra edificios públicos y privados que han hecho un esfuerzo por mantenerse en buenas condiciones, visualmente limpios. Incluso les han creado clubes, facilitado materiales y asignado espacios para que practiquen una suerte de manifestación de "cultura urbana.", que bien enfocada nada de condenable tiene. Pero están optando por un camino distinto.

Editorial, La Discusión, Chillán, 17-IV-2007.

O’HIGGINS RETRATISTA

Camilo Taufic
Periodista

¿Qué es mejor para un periodista al hablar de un libro? ¿Hacer la crítica convencional, argumentativa y lata, o contar para miles de curiosos algo de su contenido, anticipándose o sustituyendo a una lectura masiva del volumen que tal vez nunca ocurra?
Hemos optado por el segundo camino para hablar de Bernardo O'Higgins como un hombre culto y un pintor (sí, pintor). Y basados en una publicación de extraordinario contenido: el libro del historiador chillanejo -y nacional- Alejandro Witker, recién editado, "O'Higgins: Cultura y Nación - Repertorio para el Bicentenario de la República".
Está confeccionado con un alarde de erudición entretenida, profusión de ilustraciones y pequeños y grandes datos sobre el prócer nunca dados a conocer en conjunto, durante 250 páginas a maravilloso color y en papel de lujo, que traen desde los discursos fúnebres cuando sus restos regresaron desde el exilio peruano, en 1869, hasta la carta que le dirigiera su mentor, el caraqueño Francisco de Miranda, en 1799, cuando el padre de la patria decidió regresar a Chile desde Inglaterra.

O'Higgins era, en el país de su tiempo -nos cuenta Alejandro Witker-, uno de los chilenos más cultos: dominaba dos idiomas extranjeros: inglés y francés, y se entendía perfectamente con los mapuches en su lengua vernácula.
Había leído no pocas obras de filosofía y derecho, algunas de ellas en latín, lengua que se enseñaba obligatoriamente en los colegios ingleses donde se formó.
Entre los grandes próceres americanos, Bolívar, San Martín, Sucre y Miranda, el nacido en Chillán fue el único seducido por el arte, según afirma el autor. Fue dibujante y pintor.
Obras suyas existen en los museos de Lima y de Maipú. Tocaba piano, acordeón, violín, flauta y guitarra. Interpretaba música clásica y fo1clórica.


En el capítulo "O'Higgins a través de su pincel" se nos presentan en el libro de Witker dos miniaturas pinta das por aquél, "suficientes para atestiguar la calidad plástica del libertador" (se trata de un autorretrato de O'Higgins, donde se le ve muy joven, en una superficie de 8,3 por 6,4 centímetros de marfil, y de retrato de su hermana, Rosita, que es una miniatura de 14,3 por 11,8 centímetros también realizada sobre marfil, Ambos retratos se encuentran depositados en el Templo Votivo de Maipú. El primero de ellos se aprecia en esta página).
O'Higgins también fue un notable acuarelista, abordando temas históricos, en imágenes un poco más grandes (de 30 por 40 centímetros), en que emplea una visión de conjunto "con perspectiva aérea y sentido de la profundidad" para representar a conjuntos de personas, batallas y panoramas. Dos de estas acuarelas, de compleja técnica aprendida en Inglaterra por el autor, se pueden examinar en el Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia de Perú, en Lima. Las dos tienen por tema la deserción del Batallón Numancia de las filas realistas españolas a las filas patriotas, en 1820. En la oportunidad, el batallón recibió y juró la bandera del Ejército Libertador de manos del general José de San Martín.
En base a relatos testimoniales y conversaciones con los protagonistas de la escena, O'Higgins registró los frutos de su ardorosa labor personal en pro del envío de la Escuadra Libertadora a Perú.
"En ambas acuarelas -escribe Alejandro Witker-, la bandera representada por O'Higgins es la chilena, con la peculiaridad de que en el campo azul hay tres estrellas"... (¿Chile, Argentina, Perú? -se pregunta el autor de este artículo). .. "Y es éste el único registro de una bandera con dichas características durante la emancipación peruana".

La Nación, 4-V-2007

MANUEL RODRÍGUEZ, EL OPOSITOR ENFERMIZO EN TV
Por Camilo Taufic

NO SÓLO CONTRA O'HIGGINS y la Logia Lautarina se rebeló el alma permanentemente inquieta, inestable y bullente de Manuel Rodríguez, que en algún momento llegó a proclamar (como se vio en la tele, en una de las pocas coincidencias con la historia) que, si le tocara ser gobernante, él mismo se encargaría de encabezar la oposición contra sí mismo, en lo que parece ser una constante del comportamiento político chileno: si no, vean lo que sucede entre los partidos de la Concertación.

Rodríguez se rebeló también contra los Carrera. Había empezado su vida política en mayo de 1811, cuando fue nombrado procurador de la ciudad de Santiago, como un patriota moderado, que se “aceleró” pocos meses después, tras el arribo a Valparaíso desde Estados Unidos de su amigo de infancia José Miguel Carrera. Designado a dedo diputado por Talca en septiembre de 1811, Rodríguez lo fue a continuación por Santiago, el 15 de noviembre del mismo año. Al día siguiente, tras asumir el mando José Miguel Carrera, éste lo nombró secretario de Guerra. (¡Esos sí que eran pitutos!). El 2 de diciembre de 1811 se incorporó al Ejército con el grado de capitán, nombrado paralelamente como secretario personal por el propio Carrera.

Duró sólo un año (1812) la normalidad de comportamiento de Manuel Rodríguez. A comienzos de 1813 empezó a enfriarse la cercanía y la amistad con los Carrera, por la conducta errática del íntimo “secretario personal”, que se transformó de golpe en crítico de los rumbos gubernamentales, junto con sus hermanos Carlos y Ambrosio Rodríguez (este último, también capitán de la Gran Guardia). Otros descontentos se les sumaron pronto. Cuando ya los complotadores habían empezado a trazar planes para proceder al “desalojo del Gobierno” -¡vaya coincidencia!-, fueron sorprendidos, y Manuel Rodríguez y sus hermanos arrestados, llevados a prisión y enjuiciados por conspirar contra los Carrera.

Manuel Rodríguez se defendió personalmente de las acusaciones en su contra y trató en vano de inclinar al tribunal a su favor, pero fue condenado a un año de destierro en las islas Juan Fernández. A diferencia de lo que sucedería en 1818, al menos tuvo entonces un juicio público, y hasta pudo apelar... Recurriendo a un truco. El 19 de marzo de 1813 presentó un documento, haciendo ver la imposibilidad de cumplir la condena, “a causa de un doloroso absceso”, y el castigo fue anulado finalmente, entre gallos y medianoche, como se acostumbraba en aquellos lejanos tiempos.

En 1814, los viejos amigos José Miguel Carrera Verdugo y Manuel Rodríguez Erdoiza se reconciliaron, luego que la Junta de Gobierno fuera reemplazada por el coronel De la Lastra, y Carrera nombrado comandante en jefe del Ejército, para defender al país de la invasión de las tropas realistas que -procedentes de Lima- habían desembarcado en Concepción, al mando del brigadier Antonio Pareja, y marchaban hacia Santiago.

Manuel Rodríguez se quedó en la capital y comenzó a atacar al Gobierno chileno, según su profesión de fe, desde el periódico “El Monitor Araucano”. Carrera, entretanto, fracasó en sus batallas en el sur, especialmente en la de El Roble donde, derrotado, se tuvo que arrojar a las aguas del río Itata, para huir nadando y salvar así su aristocrático pellejo. Comandante en jefe fue nombrado Bernardo O’Higgins, héroe de ese combate, donde pronunció para el bronce la frase “O vivir con honor, o morir con gloria”… detalle que por supuesto nunca ha mencionado el canal de televisión carrerino que produce los “culebrones” seudo históricos al respecto.

Luego de ser depuestos del mando, José Miguel y José Luis Carrera regresaban ocultos hacia Santiago, cuando fueron hechos prisioneros por los realistas, que los encarcelaron en Chillán. Desde allí lograron huir, con la complicidad de sus captores, porque éstos sabían de la desunión que provocarían ambos hermanos entre los patriotas al arribar a la capital. Manuel Rodríguez y sus hombres los acogieron y ocultaron en la hacienda Lo Espejo, donde montaron rápidamente otra conspiración, y volvieron a apoderarse del Gobierno.

José Miguel Carrera organizó una nueva Junta, encabezada por él mismo. Rodríguez fue nombrado otra vez Secretario, y no pudo volver a conspirar contra su jefe y amigo -al menos ese 1814-, porque en octubre sobrevino el desastre de Rancagua. Huyó a Mendoza, fue reclutado por San Martín para regresar clandestinamente a Chile, y empezó la etapa más dramática de su vida, en que se mezcla realidad y fantasía al tratar de reconstruirla. Nadie puede poner en duda que, entonces, su acción patriótica fue eficaz. Pero esa es otra historia.

— PUBLICADO EN www.lanacion.cl 24/07/2007 —
© Copyright Camilo Taufic, 2007

El general San Martín, ¿un mestizo?

La discusión está planteada en la Argentina, tras la aparición de documentos sobre el verdadero origen de su prócer nacional, que lo hace más próximo a Bernardo O’Higgins.


UN DEBATE SEMEJANTE al desarrollado en Chile después de la serie de televisión “Héroes” tiene lugar en Argentina, desde que el historiador Hugo Chumbita y el escritor José Ignacio García Hamilton entregaron pruebas concluyentes de que el general José de San Martín “libertador de Argentina, Chile y Perú”, no era el hijo de quienes figuraban como sus padres legítimos. Había nacido sí en Yapeyú en 1778, pero del capitán de fragata y general español Diego de Alvear, y una india guaraní, llamada Rosa Guarú.
El niño mestizo —según los revisionistas— fue entregado para su crianza al matrimonio formado por el soldado de frontera Juan de San Martín y Gregoria Matorras, ambos originarios de Castilla la Vieja, y ya mayores para los cánones de la época; tenían más de 40 años. Juan de San Martín estaba destinado al límite noreste de la actual Argentina, en el territorio de Misiones, cerca de la frontera con Paraguay, Uruguay y Brasil.
El matrimonio San Martín—Matorras se trasladó a Buenos Aires y luego a Madrid, en 1783, cuando el futuro libertador era un niño que se aproximaba a los cinco años. Finalmente se establecieron en Málaga. La familia legal del general San Martín nunca regresaría a América, y él lo haría recién a los 34 años, a mediados de 1812.
En Málaga, inscrito como José Francisco de San Martín y Matorras, que fue siempre su nombre legal (no como O’Higgins, que debió usar el apellido Riquelme hasta la muerte de su padre), el líder independentista argentino inició sus estudios primarios. A los 11 años se incorpora al Ejército español como cadete, donde hizo una carrera militar precoz, ascendido a teniente coronel y condecorado con medalla de oro a los 30 años, por su heroica actuación en la batalla de Bailén, en que fueron vencidas las tropas de Napoleón el 19 de julio de 1808. Se debe a San Martín la inscripción grabada en bronce en el Templo Votivo de Maipú, que dice: «A los vencedores de los vencedores de Bailén», en que el Libertador rinde homenaje tanto a los combatientes criollos como a sus ex compañeros de armas, derrotados por sus tropas en tierras chilenas.
Muchos aspectos del origen de José de San Martín siguen siendo un enigma para los historiadores. Su fe de bautismo nunca fue encontrada; la fecha de nacimiento es discrepante incluso en los escritos del prócer, que da tres datos distintos. Sus estudios en España también están rodeados de ambigüedad.
Pero lo que desestabilizó toda la estantería fue el hallazgo de lo que ahora se ha llamado “El libro de Joaquina”. Un volumen de memorias con cartas originales, dibujos y apuntes, escrito en el siglo XIX por María Joaquina de Alvear y Sáenz de Quintanilla (1823-1889), hija del caudillo independentista argentino Carlos de Alvear, cofundador de la Logia Lautarina en Buenos Aires junto con San Martín, y en definitiva medio-hermano del mestizo general... Esto, de confirmarse su afirmación de que fue el abuelo de ella, Diego de Alvear, el capitán de fragata, el verdadero padre de don José de San Martín.
En la prensa de Buenos Aires se han publicado varios ataques a “El libro de Joaquina”, aludiendo a presuntos síntomas de locura en la autora, y defendiendo “la impecable ascendencia europea” del general San Martín, en la cual también creía ciegamente el historiador chileno Francisco Antonio Encina.
Pero San Martín fue calificado de “mestizo y plebeyo” en cuanto regresó a la Argentina en 1812, y tuvo tantos conflictos con la aristocracia local como O’Higgins en Chile. No tenía fortuna ni alcurnia. Era moreno, de pelo lacio y renegrido, con una gran nariz, larga por el lado europeo, pero también ancha, típica de las etnias de la cuenca interior del Río de la Plata y sus afluentes. Ya corrían rumores sobre su condición de mestizo. Le decían a sus espaldas “El Cholo” o “El Tape”, y la madre de la que sería su esposa, Remedios de Escalada, se opuso a que casaran a su hija —por influencias de la Logia Lautarina y de los Alvear— con ese oscuro recién llegado. Ante sus íntimos, la suegra de San Martín lo llamaba “El soldadote” o “El plebeyo”.
Nada era suficiente para las oligarquías latinoamericanas de la Independencia: hasta a Simón Bolívar se le echaba en cara su color moreno, y en la encopetada sociedad bogotana llegaron a llamarlo “El longaniza”, en tiempos de la Gran Colombia; en tanto en Santiago, O’Higgins era simplemente “El guacho Riquelme” para las familias tradicionales.
No deja de ser jocoso al respecto, que la llamada “aristocracia castellano vasca” de Chile se opusiera durante todo el siglo XIX a que se levantara una estatua de O’Higgins en Santiago, por la “ilegitimidad” de su origen (y su política anti-oligárquica, en realidad), mientras erigía con entusiasmo un monumento ecuestre a San Martín, en la Alameda, en 1863, cincuenta años antes del consagrado a “Riquelme”. La auténtica historia iguala hoy a ambos próceres.

Camilo Taufic
(Publicado en La Nación, Santiago de Chile, 14 / 08 / 2007)

MANUEL RIQUELME VARGAS, UN PARIENTE DESCONOCIDO DE O”HIGGINs

Marcial Pedrero Leal
Investigador. Instituto O’Higginiano de Chillán Viejo

Mucho se ha escrito sobre la vida del prócer Bernardo O”Higgins ,es obvio que ello ocurra porque este chillanense tuvo una ingerencia en los destinos de Chile durante los dos primeras décadas del siglo XIX .
Para mí fue de gran sorpresa cuando hace varios años, en un viaje de estudio con alumnos del liceo San Gregorio a Constitución, al visitar la antigua iglesia de Nirivilo, un pequeño pueblo cerca de aquella ciudad, observé en su interior ,las lápidas de tumbas de parientes de Bernardo O”Higgins, su tía bisabuela María del Carmen Mesa de la Barrera viuda de Riquelme nacida en aquel pueblo el 1821 y fallecida en 1893.
Se desconoce mucho sobre sus raíces genealógicas maternas. Historiadores de la talla de Fernando Campos Harriet ,Valencia Avaria, Gustavo Opazo y publicaciones como la Revista de Estudios Históricos se han interesado por ellas
La raiz de la familia Riquelme de la Barrera se remonta al siglo XVI, originada por la llegada de don Francisco Riquelme de la Barrera el año 1570 y tangencialmente se entronca con las familias Goicoechea y Lagos, ésta última, una de las fundadoras de Chillán .Este español estuvo casado con doña Leonor, quien, junto a su hermana, la heroína Ana María de Toledo y Mejía defendió la villa de San Bartolomé junto a sus esposos rindiendo su vida frente a un ataque indígena a la ciudad de Chillán en 1599.
Uno de los hijos de don Francisco y Leonor, Alonso se desempeñó como alcalde de Chillán , un hijo de éste, Diego, nacido en 1690 en Chillán, fue maestre de Campo, regidor y más tarde alcalde de esta ciudad y adquirió la hacienda de Palpal, cerca de Pemuco. Se casó con Juana Luisa Goicoechea del Pino de quienes nacieron 13 hijos incluyendo a Simón Riquelme de la Barrera Goycochea ,abuelo de Bernardo O”Higgins .Don Simón nació en 1729 y también desempeñó el cargo de alcalde de su ciudad natal, contrajo matrimonio con doña María Mercedes de Mesa y Ulloa, con quien tuvo solo dos hijas, Lucía y María Isabel, por quien su madre falleció en el parto. Don Simón, tenía 49 años de edad cuando nació su nieto Bernardo. Era propietario de una enorme casona de Chillán y por herencia paterna ,de 400 cuadras de la hacienda Palpal, se mantuvo en calidad de viudo durante 17 años y en 1770 se casó con doña Manuela de Vargas Machuca Bau. El fruto de esta boda estuvo conformado por Petronila, Antonia, Manuel , Manuela, Gregorio, Francisco Javier y Simón Segundo.
Manuel Riquelme Vargas,uno de estos medio hermanos de María Isabel, tuvo una carrera militar con cierto protagonismo en la historia de Chile, pero de menor notoriedad que su famoso sobrino. Nació en San Bartolomé de Chillán ,el año 1772. Inició la carrera de las armas a muy corta edad, participó en la guerra por la Independencia donde ascendió a sargento mayor.Contrajo matrimonio con doña Carmen del Río y Mier.
Tuvo destacada participación en la guardia personal de Honor de O”Higgins ,asistió a las campañas de Los Angeles y Nacimiento el año 1817. Ese año, con el grado de capitán ,con fecha 2 de agosto, envía un informe sobre la realidad de los Angeles al jefe de gobierno, el Director Supremo, dos años más tarde intervino en el sitio de Los Angeles, por lo que recibió la Legión al Mérito, condecoración creada por O”Higgins .Al parecer, en pocas oportunidades después de la guerra emancipadora, se encontró con su pariente, el Director Supremo .
En 1823, participó con las tropas patriotas en la captura de Valdivia y fue nombrado gobernador y jefe militar de la Guardia de Honor de aquella ciudad ,ascendió al grado de teniente coronel .Luego prosiguió su carrera ascendente en la campaña de Chiloé encabezada por Ramón Freire que incorporó la isla a la República independiente . El primero de febrero de 1839 Manuel fue entrevistado por el famoso naturalista e historiador francés Claudio Gay por su calidad de protagonista y testigo de los episodios desarrollados durante el período de Independencia y relata los hechos ocurridos entre 1813 y 1819. Aquella entrevista publicada en 1965 por Guillermo Feliú Cruz junto a la entrevista de varios personajes prominentes de la Independencia de Chile en la obra “Conversaciones históricas de Claudio Gay” de gran valor testimonial que permanecieron inéditas durante más de una centuria.
Manuel Riquelme fue designado Gobernador militar y Comandante de Armas de la plaza de Los Angeles manteniéndose en ese cargo hasta 1852, año en que fue nombrado Ministro de la sala marcial de la Corte de Apelaciones de Concepción. Ese año fue ascendido a coronel, después de lo cual recibió el grado de General de Brigada.
Este personaje chillanense un tanto anónimo, falleció el año 1858.

UN ENCUENTRO EN EL ROBLE

Marcial Pedrero Leal
Investigador. Instituto O’Higginiano de Chillán Viejo

Cuando leemos una novela, comprendemos mejor la trama cuando conocemos los sitios geográficos descritos, de lo contrario estaremos condicionados a realizar un ejercicio mental muy saludable, el de la imaginación, por ésto cuando recurrimos a la historia, lo ideal es conocer el escenario de los sucesos igual como lo hiciera el viejo Heródoto, quien, antes de escribir sobre los hechos históricos hacía lo mismo que, efectuara en Chile en el siglo XIX,Benjamín Vicuña Mackenna, visitar los lugares donde se habían desarrollado para darle rigurosidad a su trabajo historiográfico. Conscientes de este predicamento, un grupo numeroso de entusiastas ciudadanos, de heterogéneas profesiones y actividades, incluyendo a siete profesores de historia unidos por el compromiso con la cultura y, por supuesto con la historia de Chile, nos concentramos el día sábado 14 de octubre recién pasado en el fundo El Roble de propiedad del connotado ex –parlamentario don Hugo Alamos con el fin de afianzar la creación del Instituto O”Higginiano de Chillán Viejo rindiendo un sentido homenaje a unos de los episodios notables de la guerra de la Independencia, la Sorpresa de El Roble y a uno de sus protagonistas, Bernardo O”Higgins, quien, en oportuna reacción trocó la sorpresa nocturna realista en victoria .
La naciente filial chillanvejana de aquel connotado Instituto creado en 1953, en su primera reunión (19 de agosto pasado),decidió realizar sus próximos encuentros en lugares donde participó el prócer para dar mayor realce al encuentro cultural y proyectarlo hacia toda la comunidad. En este segundo encuentro , fue muy interesante presenciar el entorno de la propiedad señalada, con su alameda imponente que nos conduce hacia la casa habitación de don Hugo Alamos y ,por supuesto, nos recibe una impresionante escultura del antiguo dueño de casa, su antepasado, don Clemente Lantaño, (amigo de O”Higgins, aunque abrazaba el ideal realista) , obra imponente del joven artista Américo Becerra , a continuación se nos presenta el amplio parque donde se enseñorean araucarias y palmas enormes recordándonos su longevidad. En uno de los extremos de aquel ambiente vegetal, donde corren libres decenas de ciervos, entremezclándose con los pavos reales, se encuentra el testigo de la batalla que le da su nombre, un enorme roble con data de tres siglos, en cuyos alrededores circularon las tropas independentistas y las realistas en la primera campaña de la Patria Vieja.
Después de la excelente hospitalidad de los anfitriones, el Sr. Alamos y su esposa, la señora Isidora Valverde, en su casa rodeados de objetos dignos de un museo, incluyendo una enorme mesa de noble madera, una verdadera reliquia, pues, perteneció al presidente de la República Pedro Montt , después de las palabras del forjador de este grupo, Alejandro Witker, nuestro amigo el profesor Lionel Yañez destacó la efeméride trascendental que nos convocaba y que le costó a José Miguel Carrera, la comandancia del ejército emancipador. A continuación, participó Juan Pablo Garrido, quien dio a conocer un proyecto teatral, además , el pintor y académico Luis Guzmán se comprometió a emplear sus pinceles para enaltecer la figura del prócer. Finalmente concurrimos a la ribera norte del río Itata, a un interesante sector rocoso circundado por vegetación nativa y ubicado a unas tres cuadras al oeste del puente carretero que une Bulnes con Quillón. Escuchamos las indicaciones del coronel de Ejército Patricio Tejos, un conocedor de los hechos de armas locales, quien hizo una breve reseña sobre la batalla y señaló el sitio exacto donde estaba el campamento patriota y el lugar por donde se arrojó al río José Miguel Carrera después de ser rodeado por las fuerzas realistas. El Roble, un acontecimiento digno de destacarse ,que consagró al prócer chillanense en la vida militar en pro de la emancipación nacional y abrió el camino hacia la vida republicana.

UNA REMEMORANZA EN LAS CANTERAS

Marcial Pedrero Leal
Investigador. Instituto O’Higginiano de Chillán Viejo

Continuando con una secuencia de visitas emblemáticas, del recién creado Instituto O”Higginiano de Chillán Viejo ,un número de veinte de sus miembros, concurrimos el día sábado 2 de diciembre hasta el sector de Las Canteras, la tierra de los castaños, localidad perteneciente a la comuna de Quilleco y que tiene gran connotación para quienes admiramos la obra del prócer Bernardo O”Higgins, pues allí él se acercó a la tierra y aprendió lo que es vivir en el campo compartiendo con sus inquilinos y con la naturaleza.Fuimos muy bien acogidos por el director Sr. Eduardo Vielma y algunos profesores y funcionarios del moderno liceo Isabel Riquelme local , nos encontramos con miembros del Instituto homólogo de Los Angeles y Concepción y con el Centro cultural de las Canteras.
Fue una jornada muy productiva, donde cada entidad tuvo la participación en un panel a través de algunos de sus representantes ,actuando como moderador el profesor Javier Quilodrán . Allí se conversó sobre el contexto histórico del tema central que motivó nuestra visita y nos informamos acerca de los planes y gestiones de los Angelinos y Canteranos de reconstruir la casa donde habitó el egregio chillanense junto a su madre y hermana, de acuerdo a la tipología de la época, con corredores hacia el norte y el oeste, transformándola en museo considerando a futuro una plus valía del sector proyectándolo dentro de un circuito turístico que abarcaría desde Chillán Viejo y por todos los sitios que estuvieron relacionados con el prócer e incluyendo los fuertes españoles del entorno. Cabe destacar la pasión puesta por el profesor Pedro Sánchez en su exposición plena de identidad local. También participaron en la mesa redonda ,Alejandro Witker y el autor de esta crónica, quien esbozó el contexto histórico del encuentro.
Terminado el encuentro que incorporó un pequeño acto artístico que fue muy bien conducido por un alumno del liceo anfitrión vestido de huaso, el director del liceo nos guió hacia la capilla de madera del lugar construida a mediados del siglo XX para mostrarnos una reliquia desconocida del prócer, ubicada en la parte alta del altar, la imagen de la virgen del Carmen adquirida por el joven Bernardo en España pese a sus dificultades económicas, con el fin de traerla de regalo para su madre y que se escapó del saqueo realista de las Canteras en 1813. A continuación contemplamos el antiquísimo castaño plantado por O”Higgins y que demuestra los embates del tiempo, igual que un anciano que se mantiene en pie sostenido por soportes de madera.
Allí, en uno de los potreros bautizados por el prócer como el Avellano y previendo los futuros acontecimientos bélicos, alistó a sus inquilinos y a vecinos en el regimiento de caballería, Nª 2 de La Laja logrando de la junta de gobierno a fines de 1810, el grado de Teniente Coronel.,pero le faltaba la preparación militar, comisión que encargó a su amigo, el irlandés Juan Mackenna.

O'HIGGINS Y PERSONAJES QUE LO CONOCIERON

Marcial Pedrero Leal
Investigador. Instituto O’Higginiano de Chillán Viejo

Mucho se ha escrito sobre la figura del prócer chillanense, Bernardo O”Higgins. Durante mucho tiempo se exaltó su papel como militar, pero ya es tiempo de cambiar aquella visión. Presentarlo como un ciudadano, como un civil, en su trato con los sirvientes y cuyo gobierno, priorizó la cultura. Muchos protagonistas de la historia lo conocieron y algunos de ellos dejaron el testimonio escrito sobre su presencia. En primer lugar, una amiga de la familia Riquelme, doña Juana Olate, en cuya casa permaneció algún tiempo siendo muy pequeño, el teniente de caballería Domingo Tirapegui, que lo llevó a caballo hasta Talca, don Juan Albano Pereira y esposa, el hijo de ambos, Casimiro ,su compañero de juegos infantiles, más tarde, su primer biógrafo; el padre Pedro Pablo de la Carrera, que lo bautizó a los cinco años de edad en Talca; En Chillán, sus educadores, los padres franciscanos, Francisco Javier Ramírez y Gil Calvo. Otros ,escribieron sobre su persona como don Nicolás de la Cruz, el conde de Maule, un rico comerciante chileno radicado en Cádiz a quien, su amigo, el virrey del Perú, Ambrosio O”Higgins, le encomendó la misión de ser apoderado de su hijo Bernardo. Cumpliendo su función le escribe a aquel alto magistrado, una carta fechada el 30 de enero de 1795 donde le comunica su decisión de enviarlo …”a Londres a un Colegio de Católicos, donde se enseñan las lenguas, las ciencias, y escribir, contar y llevar libros de comercio, para que se perfeccione en latín, aprenda el inglés…”.Después de lograr aquellos aprendizajes, lo envía a Richmond, cerca de aquella ciudad y encomendó la administración de los recursos económicos para sus gastos y mantención, a dos comerciantes de origen judío, Emmanuel Perkins y Samuel Spencer, de quienes, Bernardo Riquelme debió tratar muchas veces siendo adolescente.
En marzo, agrega:”Ya tengo hablado el barco para que se traslade a Londres nuestro don Bernardo Riquelme y es la fragata nombrada ”La Reina”, una de las mejores, que saldrá dentro de 20 días, parece que en convoy. Será el primer chillanejo y aún chileno que ha ido a estudiar a Londres…”El mismo personaje en otra carta relata que Bernardo insiste en solicitar dinero y que está disconforme con su apoderado por el exiguo dinero que recibe de él, aunque y agrega criticándolo…”El finge mil embustes para engañarme, de verse puesto ante la justicia por deudas y otras mil boberías que le rechazo desde aquí con la mayor severidad…” Siendo Director Supremo ,el año 1822, la viajera británica María Graham., lo conoció en el palacio de gobierno y en su famosa obra “Diario de mi Residencia en Chile”, lo retrata como un hombre modesto, llano, de modales sencillos y amable, …”vestía como de costumbre, su uniforme de general ; es bajo y grueso, pero muy activo y ágil ;tiene ojos azules, cabellos rubios , tez encendida, y sus facciones algo toscas no desmienten el origen irlandés”, agrega que a las niñas mapuches que eran criadas por su madre y hermanas “les dirigió la palabra en araucano para que yo oyese hablar en este idioma, que me pareció armonioso y agradable”
El general José María de la Cruz, un subordinado suyo, lo retrata en carta enviada a Miguel Luis Amunátegui en 1853, especifica que “en su trato de familia o doméstico era inalterable. Jamás le vi ni aún hablar con mal ceño a sus sirvientes, y a algunos los trataba como si hubieran sido relacionados con su familia”.